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Editorial:

Fortalecer la eurozona

El Fondo Monetario Europeo es una opción sensata para paliar las turbulencias financieras

La crisis actual se desencadenó en el sistema financiero estadounidense, pero lleva camino de tener en Europa a sus principales damnificados. No sólo afecta a algunas economías, como las mediterráneas -más frágiles-, sino a las propias instituciones comunitarias. Y, además, amenaza la estabilidad de la eurozona. El marcado deterioro de las finanzas públicas de Grecia, junto a las anomalías contables y operaciones de ingeniería financiera realizadas por los anteriores Gobiernos, ha sido un precipitador de las tensiones en el seno de la UE y, en particular, en torno a la moneda única.

La mera verificación de que la eurozona carece de los mecanismos defensivos propios de las uniones económicas y políticas es un elemento que estimula la adopción de posiciones especulativas en momentos como los actuales. Es de todo punto razonable, en consecuencia, que se planteen respuestas que fortalezcan la zona monetaria ante episodios similares en el futuro. La disposición de una institución con capacidad suficiente para amparar riesgos de colapso financiero, como el que ha sufrido Grecia, podría hacerlo. Ésa era la pretensión del ministro de Finanzas alemán cuando lanzó hace unos días la idea de creación de un Fondo Monetario Europeo (FME) con capacidad para actuar como prestamista de última instancia para aquellos países de la eurozona con dificultades para acceder con normalidad a los mercados de capitales.

A la propuesta, que ha contado con el respaldo del Gobierno francés, todavía le quedan aspectos importantes por concretar: su capacidad de financiación, las vías de captación de los recursos, sus métodos de decisión, la capacidad de vigilancia de las políticas fiscales de los socios, sus vínculos con el FMI, etcétera. Del alcance de algunos de ésos y otros interrogantes dependerán las exigencias posibles de modificación de los tratados comunitarios y, en última instancia, las resistencias de otros Gobiernos e instituciones. Aunque en modo alguno vinculante, la actitud mostrada por algunos responsables del Banco Central Europeo no ha sido de entusiasmo. El equilibrio final para que una institución tal revele su utilidad es el articulado entre la eficacia de la red de seguridad que resulta del respaldo de los demás y la necesaria diligencia para satisfacer el saneamiento en las finanzas públicas que las normas de la eurozona han de exigir a sus países miembros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de marzo de 2010