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Reportaje:

Un vacío urbano

Un arquitecto critica en un libro la poca densidad de la plaza y apuesta por construir más pisos y oficinas

Plaza de las Glòries Catalanes. No a la creación de un vacío urbano es el título del libro del arquitecto y urbanista Josep Oliva. Con esa presentación tan rotunda no deja lugar a dudas de su opinión sobre la reforma que ha empezado el Consistorio y que difícilmente estará acabada antes de 2015. Con lo único que está de acuerdo es con la decisión de que el tráfico de la Gran Via pase de forma soterrada después de que se derribe el tambor.

A partir de ahí, ninguna coincidencia. Oliva argumenta que se creará un gran vacío urbano en la plaza por falta de densidad de edificación, tanto de viviendas como de oficinas y hoteles. Tampoco está de acuerdo con la forma cuadrada que tendrá. "Tiene que ser un gran círculo de diámetro parecido a la plaza de Catalunya, de unos 250 metros", afirma.

Alrededor de ese círculo -que albergaría un gran parque central según su esquema- Oliva dispone una contundente edificabilidad. Edificios altos, de no menos de 12 plantas que en los de oficinas podrían ser de 18, detalla en el libro. El urbanista plantea una gran acera alineada a las edificaciones no menor de 16 metros. Las plantas bajas y primeros pisos de los edificios los piensa reservados para la actividad comercial. "Si se quiere dar vida a un espacio tan grande, la actividad comercial debe tener, por lo menos, el 30% del espacio", afirma.

Reconoce que con su esquema la densidad de la plaza sería mucho mayor: "es que tiene que ser así; si no, se creará un espacio vacío, como los que tiene alrededor". Se refiere a la soledad que rodea a los dos grandes equipamientos culturales de la zona: el Teatre Nacional y el Auditori.

El libro destila un indisimulado aborrecimiento por la opción que se ha empezado a ejecutar y que, sin embargo, contó con la aprobación de los vecinos. Para este urbanista, contar con el respaldo de los que viven en los barrios que rodean la plaza no debería ser fundamental en este caso. "Se trata de una transformación en la que debe imperar la visión de ciudad global, no la que mira a los barrios", afirma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de febrero de 2010