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Moratinos viaja a Cuba para profundizar el diálogo político y abrir las puertas de la UE

El ministro de Exteriores evitará reunirse con representantes de la disidencia

El ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, llega hoy a La Habana con el objetivo de profundizar el diálogo político con el Gobierno de Raúl Castro y de abrirle las puertas de la Unión Europea. La estrategia española es conocida: es necesario estar en la isla en este momento crucial de su historia. Y para influir y "acompañar" un eventual proceso de cambios, la presión no es una receta válida, argumenta Madrid. Con esta línea y desde el último viaje de Moratinos a La Habana (en abril de 2007), España ha avanzado en la normalización de sus relaciones con Cuba, aunque no son pocos los asuntos conflictivos en la agenda bilateral.

Uno de los temas difíciles en este momento es el de la crítica situación financiera por la que atraviesan unas 280 empresas españolas, que desde enero poseen alrededor de 300 millones de dólares inmovilizados en bancos cubanos. La falta de liquidez de la isla es asfixiante y las autoridades no han dado señales de cuándo permitirán las transferencias desde las cuentas de los hombres de negocios extranjeros. "Hay pequeñas empresas al borde de la quiebra", afirma uno de los directivos de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba. La situación es delicada. Tanto que ya ha sido planteada recientemente por Moratinos a su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, y volverá a ser tratada ahora en La Habana.

El relevo de agentes del CNI, el arresto de un empresario y la deuda, temas de roce

Otro tema que genera fricciones es el de los derechos humanos. Según fuentes de la disidencia, en Cuba hay algo más de 200 presos políticos y, de ellos, una quincena tiene serios problemas de salud. España realiza siempre por ellos gestiones humanitarias y también lo hará en esta ocasión, aunque con discreción absoluta sobre nombres y posibles listas. Desde 2007, ambos países tienen reuniones periódicas para tratar institucionalmente el tema.

Moratinos estará 48 horas en la isla, aunque sólo el lunes tiene programa oficial. Ese día se entrevistará con el canciller cubano, con el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, y probablemente también con el presidente Raúl Castro, con quién ya se reunió en 2007. No habrá encuentro con representantes de la disidencia, a pesar de las críticas de la mayoría de la oposición cubana, si bien algunos disidentes moderados, como Manuel Cuesta, han apoyado el viaje.

Fuentes diplomáticas españolas dijeron que de ningún modo la visita de Moratinos puede considerarse "preparatoria" de un viaje del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Está descartado que dicha visita pueda producirse en lo que queda de año y también es improbable que ocurra mientras España ocupa la presidencia europea, durante el primer semestre de 2010. Después, habrá que ver.

La vertiente europea del viaje de Moratinos es importante. España ya ha dicho que quiere contagiar a Bruselas de su interés por normalizar las relaciones con la isla, pues considera que es lo más apropiado. Sin embargo, el escollo es la Posición Común, que condiciona la relación con la isla a los cambios democráticos. España estaría dispuesta a trabajar para sustituir dicha posición por un acuerdo de cooperación bilateral entre Cuba y la UE, pero topará con la oposición de los países más duros -Suecia, República Checa, Holanda o Alemania-. Además, harían falta "gestos" cubanos a los que La Habana es renuente. De cualquier modo, para el representante de la Comisión Europea en Cuba, Javier Niño, la visita del ministro es positiva. "Por sus lazos históricos España debe jugar un papel importante en la normalización de las relaciones con Cuba", afirmó.

En la agenda bilateral hay otros asuntos que chirrían y que, probablemente, estarán encima de la mesa: la reclamación española del centro cultural; el caso de la sustitución de tres agentes del CNI, "relevados" en junio de la Embajada española tras destaparse una oscura trama que acabó con las carreras políticas del vicepresidente cubano Carlos Lage y el ex canciller Felipe Pérez Roque; la reciente detención en Cuba del empresario español Pedro Hermosilla, acusado de corrupción; o el problema de la deuda cubana, cifrada en 1.900 millones de euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de octubre de 2009