Crítica:Crítica
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Misantropía hedonista

En el último tramo de su carrera como director, Woody Allen ha sometido a un singular juego de variaciones su propio arquetipo cinematográfico: el urbanita judío, neurótico y ocasionalmente romántico, con facilidad para la frase cómica perdurable y la reflexión desesperada ante la cámara.

El cineasta ha buscado insólitas filiaciones para su personaje -los ecos de Bob Hope en La maldición del escorpión de jade-, ha contemplado su perversión -el Allen fanático de las armas de la infravalorada Todo lo demás- y ha sugerido su condición inmortal a través de surtidos avatares -Jason Biggs, Kenneth Branagh, Will Ferrell...-, en una estrategia que parece alcanzar su perfecta culminación en la figura del Larry David que protagoniza Si la cosa funciona.

SI LA COSA FUNCIONA

Dirección: Woody Allen.

Intérpretes: Larry David, Evan Rachel Wood, Ed Begley Jr., Patricia Clarkson, Adam Brooks, Lyle Kanouse, Carolyn McCormick.

Género: comedia. EE UU, 2009.

Duración: 92 minutos.

Tanto en su trabajo en calidad de cocreador de Seinfeld como en su propia serie Curb your enthusiasm, David se había revelado contrapunto oscuro de Allen e hijo bastardo de Groucho Marx. Si la cosa funciona armoniza todas esas líneas en un trabajo que, además, logra proporcionar un consuelo filosófico inmediato al reconciliar misantropía y hedonismo provisional.

Pocas comedias recientes contienen tanto vitriolo como ésta, pero lo más inusual es que su negrísimo humor cristaliza en un discurso de propiedades benéficas para la calma espiritual de todo espectador... mientras la cosa funcione.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 02 de octubre de 2009.