Iraquíes en la Patagonia
El actor onubense Bart Santana, uno de los protagonistas de Mi primera vez (que acaba de iniciar su segunda temporada en el teatro Maravillas de Madrid), se atrevió el pasado diciembre con su primer periplo en solitario: "Metí cuatro cosas en una mochila y me fui para Argentina".
¿Tenía ruta planeada?
Para nada. Primero pasé una semana genial disfrutando de Buenos Aires, sobre todo de barrios como Palermo o San Telmo, donde te encuentras unas sesiones de teatro underground con un nivelazo que no he visto en ningún sitio.
¿Y adónde apuntó su brújula?
Al sur. Todo el mundo me recomendó la Patagonia. Cogí un avión a Bariloche, y ahí me alojé frente al espectacular lago Nahuel Huapi, en cuyo Parque Nacional hice rafting y visité Villa La Angostura, un pueblo precioso de cabañitas de estilo suizo.
Suena genial.
Lo fue, pero a partir de aquí empezó lo duro. Tomé un autobús a la ciudad de Eskel, y lo que parecía un trocito de mapa se convirtió en 26 horas de viaje. Pero valió la pena porque conocí a muchos aventureros (desde un inglés haciéndose la Patagonia en moto hasta una pareja argentina recorriéndola a caballo) y por el Parque Nacional Los Alerces.
Le veo muy aventurero.
La verdadera aventura fue en El Calafate; me pateé una buena parte de los 60 kilómetros de lengua que tiene el glaciar Perito Moreno y subí al monte Fitz Roy con lo puesto; vaqueros y zapatillas.
¡Qué temerario!
Y tanto. La subida fueron 5 horas a pie. Pero me confundí en la ruta de bajada. Tardé 8 horas y llegué con un pie destrozado.
Por lo menos llegó.
Y de ahí partí a Ushuaia, que fue más tranquilo. Y curioso; había muchos iraquíes.
¿Iraquíes?
Parece que cuando terminan el servicio militar el Ejército les paga unas vacaciones y muchos eligen Argentina. También conocí a dos vitorianos simpáticos con los que salía de noche por Ushuaia.
De marcha en el fin del mundo...
En realidad, no. La última semana me fui a Cabo Polonio, en Uruguay. Es una villa de cabañas de pescadores frente al mar y rodeada de dunas. La mayoría no tiene luz eléctrica, y no hay calles ni alumbrado, así que de noche te dedicas a mirar el cielo. ¡Qué de estrellas!
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