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Crítica:

El orgasmo del cine

El cine busca producir una emoción a través de una sucesión de planos con un encuadre y una duración concreta. Tan simple. Tan complicado. Por eso Up nos reconcilia con el lenguaje puramente cinematográfico. Su maravillosa primera mitad es un tratado de cómo utilizar los recursos visuales, pero un momento de sus primeros minutos es la viva estampa de lo que debería ser una película. Son apenas 15 segundos y sólo cinco planos, acompañados de música pero sin texto: un plano general de una habitación en la que una pareja pinta las paredes con motivos infantiles sobre una cuna; un travelling lateral que nos lleva a un oscuro pasillo de hospital, en el que tras una puerta se vislumbra el drama; un corte que lleva a un primer plano del triste marido que, tras otro corte, mira con ternura hacia un jardín con una mujer de espaldas, y otro corte que lleva a un primer plano de ésta, ojos cerrados, cabeza alta, mente ensimismada, recibiendo la brisa de la mañana. La piel de gallina. ¿Por qué? Por la perfección de los encuadres y el montaje, por las elipsis, por la luz. Como dice Tarantino con su particular estilo docente: "La diferencia entre unos fotogramas de más o de menos es la misma que hay entre una mierda tosca y un ritmo orgásmico".

UP

Dirección: Pete Docter, Bob Peterson.

Género: animación. EE UU, 2009. Duración: 96 minutos.

La edad de oro de la animación ha llegado gracias a Pixar, pero su gente se niega al estancamiento. En Wall·E regresaron al pasado para seguir caminando hacia el futuro. Miraron adonde ya solían, al espíritu del cine mudo de Chaplin y Keaton, para componer una esplendorosa primera mitad sin diálogos. En Up repiten experiencia con las vivencias de un anciano en su último acto de amor. Quizá, como ya ocurría en Wall·E, la maestría del primer tiempo deja al descubierto los convencionalismos del segundo. Siempre que por convencionalismo entendamos una divertidísima aventura con la que contentar también a los más pequeños, aquellos que pueden no llegar a captar la grandeza de aquellos mágicos 15 segundos. El día que en Pixar se atrevan a fabricar toda una película con el tono y las formas de las mitades iniciales de Wall·E y Up, puede que pierdan a una parte de sus espectadores (y que ganen algo menos de dinero), pero a cambio habrán alcanzado la perfección de principio a fin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de julio de 2009