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Reportaje:música

El 'Buena Vista' original

El maliense Bassekou Kouyaté graba en Madrid con músicos cubanos

Dos millones de discos. Y 12 años después sigue vendiéndose. Buena Vista Social Club, la grabación de Ry Cooder con Ibrahim Ferrer, Rubén González y Compay Segundo, dejó una huella profunda. Lo curioso es que Nick Gold, dueño del sello World Circuit, tenía otra idea en la cabeza al llegar a La Habana: un encuentro entre músicos de Santiago de Cuba y Malí.

Uno de los que debía haber viajado a la isla era Bassekou Kouyaté. Como los Malienses no llegaban, Gold y Cooder tuvieron que cambiar sus planes. "Entonces, para obtener los visados cubanos, había que mandar los pasaportes a Burkina Faso. Y lo recibí demasiado tarde. Les dije: 'es el medicamento que llega cuando ya estás muerto", cuenta Bassekou. Hace unos meses le telefoneó Nick Gold a Bamako: "¿Todavía te interesa el disco con los cubanos?".

Tenía nueve años cuando empezó a tocar el rudimentario ngoni
Su padre le dijo que sus manos eran "como un diamante negro"

Llevan cuatro días encerrados en un estudio de grabación de las afueras de Madrid. Desde mediodía hasta altas horas de la madrugada. En este Buena Vista original van a estar los cubanos de Eliades Ochoa y Malienses como Toumani Diabaté, Kasse Mady Diabaté o el propio Bassekou. "Una mezcla increíble", asegura Kouyaté mientras desayuna en el hotel.

Los cubanos no saben francés y los Malienses no hablan español. Una joven inglesa traduce. "No nos entendemos con palabras, pero la música fluye rápidamente", dice. Los problemas de comunicación verbal ya los vivió con Ketama cuando Songhai 2. "Cada señal con las manos significaba una cosa", explica. Se desternilla al recordar que los españoles decían: "ahora una falseta". Casi se atraganta con la magdalena: falseta suena igual que pata de burro en idioma bamana.

En la mesa de grabación está de nuevo el ingeniero de sonido Jerry Boys. "Siempre él", dice, "porque conoce el sonido de los instrumentos tradicionales africanos. Y son difíciles de captar". Boys es también el productor, junto a la musicóloga Lucy Durán -"una hermana, una madre para mí", dice-, de I speak fula, el próximo disco de Bassekou Kouyaté para el sello Out Here (saldrá en septiembre y lo distribuye en España Resistencia). Será el segundo al frente de Ngoni ba, el poderoso grupo que creó con diversos ngonis, una calabaza en lugar de la batería, y su mujer Ami Sacko, una cantante muy popular en Malí.

Bassekou Kouyaté nació en 1966 en Garana, a orillas del río Níger. Tenía nueve años cuando empezó a tocar el rudimentario ngoni, el instrumento de cuerdas más antiguo de Malí, presente en bautizos, circuncisiones, bodas y funerales. "Desde el principio intenté trabajar a mi manera. Mi padre me decía: 'Bassekou, así no se toca'. Mi padre enseñaba a muchos alumnos, pero yo me aburría bastante y me iba a jugar al fútbol. Luego veía lo que habían aprendido en clase y cinco minutos después ya lo estaba tocando. Años más tarde mi madre me confesó que él le había dicho: 'Hay que dejar tranquilo a Bassekou porque será grande".

Su ngoni se escucha en el último disco de Ali Farka Touré: "Fue muy especial porque él ya estaba enfermo. Me decía: 'Bassekou, tienes que grabar un disco para que se sepa en todo el mundo lo que tú haces. Tus manos son como un diamante negro".

"El banjo es el hijo americano del ngoni", afirma. "Taj Mahal me vio tocar una vez en Estados Unidos y me preguntó si conocía el blues. Le contesté que nunca lo había escuchado. Se quedó perplejo y me dijo: "Eres mi hermano y a partir de hoy mi nombre es Dadi Kouyaté", cuenta riendo.

"El blues viene de África Occidental. Si escuchas a mi abuelo estás escuchando a John Lee Hooker. Casi no hay diferencia con la música bamana, que es pentatónica. Si vas a la región de Ségou, pregunta por algún músico anciano que no haya escuchado un blues, y pídele que toque con su ngoni una canción de hace cuatro siglos. Entenderás lo que digo".

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