Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:JOSÉ MONTILLA | Presidente de la Generalitat de Cataluña | La nueva financiación autonómica

"Se corrige una injusticia, pero Cataluña seguirá siendo solidaria"

Barcelona
Flamante vencedor a ojos de casi todos de la batalla de la financiación, el líder de los socialistas catalanes hace balance de la negociación y de sus desencuentros con Zapatero

Relajado tras un año de duras negociaciones para mejorar la financiación catalana, José Montilla (Iznájar, Córdoba, 1955) defiende que el pacto no sólo favorece a Cataluña, sino que acabará siendo beneficioso para todas las autonomías, porque promueve la corresponsabilidad fiscal. El presidente de la Generalitat defiende en esta entrevista que ha logrado que se haga justicia con Cataluña.

Pregunta. Las largas negociaciones de la financiación autonómica y el posterior pacto han generado una nueva oleada de recelos hacia Cataluña y han empañado las relaciones entre el PSC y el PSOE. ¿Ha merecido la pena tanto desgaste?

Respuesta. Ha valido la pena. Hemos llegado a un acuerdo que es bueno, justo y ajustado al Estatuto. Es bueno para Cataluña, pero también para el conjunto de España y de sus comunidades autónomas. El Gobierno ha tenido una visión global para propiciar el acuerdo, acercar posiciones y ser flexible. Gana Cataluña y gana España.

"No hubo guerra con Zapatero; es que defendemos intereses distintos"

"El Estatuto es un pacto político, y eso los tribunales no lo pueden tumbar"

P. Muchos en Cataluña estiman que se corrige un déficit histórico.

R. Se corrige un déficit histórico que tenía Cataluña. España ha hecho justicia con Cataluña, ha saldado una deuda con ella. Era injusto que, pagando los catalanes muy por encima de la media, recibiéramos por debajo de la media para atender nuestros servicios. Ahora estaremos un poco por encima de la media, y se reduce un tercio del denominado déficit fiscal, pero los catalanes seguiremos siendo solidarios. Se ha corregido el modelo de 2001, que ni siquiera preveía la revisión de la población, algo que nos ha perjudicado mucho, porque Cataluña ha crecido en cerca de un millón y medio de habitantes en ocho años.

P. Dirigentes del PSOE se han quejado durante todo el proceso de la excesiva gesticulación de la Generalitat, de que no ha aportado nada a la cordialidad. ¿Le costará reconstruir las relaciones?

R. No digo que siempre hayamos estado acertados en todas nuestras expresiones, como es obvio que a veces tampoco lo han estado otros amigos fuera de Cataluña. Siempre hemos procurado ser sumamente respetuosos. El problema es cuando otros hacen uso de actitudes que deberían estar superadas, como la catalanofobia.

P. ¿Se ha sentido en el PSOE?

R. Me he sentido muy acompañado. En el Gobierno catalán, por supuesto, por las formaciones que lo apoyan y por la sociedad catalana. Esto es lo más importante. Fuera de Cataluña también he encontrado voces, unas en público, otras en privado, que han mostrado comprensión y apoyo.

P. Y, sin embargo, la negociación se ha demorado un año.

R. Era un tema difícil. No se trataba de hacer un apaño, sino de cambiar el modelo. Y la crisis lo ha complicado. Hemos sido firmes porque el objetivo no era sólo conseguir una cantidad de dinero, sino propiciar un cambio en profundidad que beneficiará a Cataluña, pero también al conjunto de las autonomías.

P. ¿Era imprescindible tanta escenificación del acuerdo por parte de ERC?

R. Soy responsable de mis actos. No soy portavoz de otros partidos, que tienen su propia lógica.

P. ¿El acuerdo sella la paz entre usted y Zapatero?

R. No la sella, porque nunca hubo guerra. Hubo posiciones diferentes, porque defendemos intereses distintos. Él representa a toda España y a mí me toca defender los intereses de Cataluña.

P. ¿El pulso seguirá, pues?

R. No. Como no hubo guerra... Hubo una negociación dura.

P. Sí, con amenazas disuasorias de corte prebélico, como cuando en el PSC se escucharon voces que amenazaban con no votar el Presupuesto del Estado. ¿Llegó a planteárselo?

R. Al negociar, todos miran de utilizar elementos que les ayuden a avanzar posiciones.

P. Pero llegó el Presupuesto sin la financiación, y el PSC lo apoyó.

R. ¿Es que si no se hubiera votado el Presupuesto tendríamos financiación?

P. ¿Cómo ha influido la pérdida del apoyo del PNV por parte del Gobierno, su urgencia por cosechar apoyos en el Congreso, en su súbita comprensión hacia las demandas catalanas?

R. No lo sé, eso se lo debería preguntar al Gobierno. Aparte de la estabilidad parlamentaria, quiero creer y creo que hay elementos de convicción sobre la necesidad de dar un trato justo a Cataluña y aprobar un modelo de financiación de todas las comunidades más justo, más transparente.

P. ¿Transparente? Se ignoran las cifras.

R. Pero se conocerán. Se conocerán el modelo, de dónde salen las cifras y lo que pesa cada factor. Este modelo es predecible en su evolución. El anterior tenía una evolución que sólo se entiende por la excesiva presencia de modelos bilaterales hechos un poco a la carta. Ahora hay elementos bilaterales, pero lo fundamental es un cambio de modelo, con una cesta de impuestos, la nivelación parcial, un peso más correcto de la población ponderada... Y otros elementos que dan transparencia.

P. Usted prevé consolidar entre 3.650 y 4.028 millones en cuatro años. ¿Cómo podrán los ciudadanos fiscalizar si es cierto o no?

R. La información que hemos dado es una proyección para los próximos cuatro años sin trampa ni cartón. Son cifras que se podrán verificar cada año.

P. El acuerdo también ha resucitado las críticas, y no sólo desde el PP, al derroche autonómico.

R. No creo en esa vieja cantinela que asocia el Estado de las autonomías al derroche y a la falta de competitividad. Todo lo contrario. Gracias a él hemos dado este paso de gigante en las últimas décadas: más desarrollo económico, social y territorial. Las diferencias entre nuestro sur y nuestro norte, ahora, son menores que las diferencias entre el norte y el sur de Italia, que lleva más años aplicando políticas de solidaridad.

P. Y este modelo que se ha presentado como una cesión a Cataluña, ¿qué puede aportar a autonomías menos prósperas?

R. De entrada, más recursos de los que tenían y, además, estímulos para crecer.

P. ¿Hubo voluntad real de incorporar a CiU en el pacto?

R. Lamento mucho que CiU no esté en este acuerdo. Estuvo en el Estatuto y debería estar ahora. Se ha desmarcado más por intereses de partido que de país. Apostó a que no habría acuerdo o que sería malo. Y se equivocó.

P. Las Cortes deberán votar hasta cuatro leyes relacionadas con la nueva financiación, empezando por la reforma de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Si CiU las rechaza, ¿se inhabilita como socio del PSOE?

R. No debería. Está a tiempo de rectificar y anteponer los intereses de Cataluña a los de partido.

P. ¿El PSC sigue considerando su coalición con ERC e ICV como un objetivo de largo alcance?

R. Yo siempre he hablado de opción estratégica, pero hoy lo que está en la agenda son otras cosas. Tenemos un pacto para esta legislatura y, después, tendrán que hablar los ciudadanos.

P. ¿Agotará la legislatura?

R. Los Gobiernos están para agotar la legislatura si hay las condiciones para hacerlo, y las hay.

P. A raíz del caos del AVE y Cercanías, usted advirtió de la creciente desafección de los catalanes hacia España. ¿Un fallo adverso sobre el Estatuto la agravaría?

R. No creo que se dé esa sentencia negativa, pero, de ocurrir, el problema ya no sería de desafección, sería más grave.

P. ¿Qué haría su Gobierno?

R. El Estatuto es constitucional, pero además de una ley orgánica es un pacto político. Y los pactos políticos no los pueden tumbar los tribunales.

P. Dijo incluso que recortar el Estatuto minaría la convivencia.

R. Habría riesgos para la convivencia si hay interpretaciones como las que hacen algunos medios de comunicación de fuera de Cataluña, defendiendo posiciones que son minoritarias y aireando, por ejemplo, un conflicto lingüístico que no existe en la sociedad catalana. La normativa lingüística catalana estaba ya vigente cuando gobernaba Pujol con el apoyo del PP. Yo la compartía entonces y ahora. El PP, antes ni la criticaba ni propició su cambio.

P. ¿Habrá que revisar puntos polémicos, por ejemplo para permitir a los padres escoger la lengua de escolarización de sus hijos hasta una edad más avanzada?

R. Los mecanismos para atender estas peticiones existen y están en la actual ley, pero muy pocos padres hacen uso de ellos.

P. La sensación es que, para complacer a ERC, se orilla la tercera hora de castellano.

R. Los alumnos no tienen ni más ni menos horas de castellano de las que tenían cuando era presidente Pujol y Aznar lo apoyaba hablando catalán en la intimidad.

P. ¿Habrá mayor disposición del Gobierno a desplegar el estatuto una vez desaparezca la amenaza del Constitucional?

R. No creo que el problema sea el recurso ante el Constitucional, sino las inercias que tiene toda Administración, y todavía más una Administración con tantos años de historia como la central.

P. ¿Sigue siendo reticente a que entidades de fuera de Cataluña entren en las cajas catalanas?

R. El sector financiero catalán no debe perder peso. El Gobierno no quiere intervenir; dejemos que hablen las cajas.

P. ¿Ve peligrar la fusión de las cajas catalanas de fundación pública (Catalunya, Tarragona y Girona) por intereses localistas?

R. Ése es un diálogo que mantienen las cajas. El localismo existe en este campo y en otros. Los procesos económicos o políticos no siempre se conducen con elementos exclusivamente racionales, también pesan los emocionales. Pero en la economía la realidad es muy testaruda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de julio de 2009