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Cumbre de las grandes potencias

El G-8 se moviliza contra el hambre

Los líderes acuerdan destinar 14.200 millones en tres años a los países pobres - El nuevo fondo da prioridad a la agricultura frente a las ayudas de emergencia

La cumbre del G-8, que reúne a los países más industrializados del mundo, se despidió el año pasado en Japón con indiferencia ante la apremiante solicitud de gobiernos africanos y organismos internacionales de más ayuda pública para los países pobres, angustiados por la vertiginosa escalada de los precios de alimentos básicos. De entonces a ahora, los precios se han relajado algo, aunque siguen muy altos. Y el hambre en el mundo, a diferencia de las últimas cuatro décadas, no ha dejado de crecer. El club de los países más ricos volvió ayer sobre sus pasos y decidió cerrar la cita de este año en L'Aquila de forma bien distinta, al promover un nuevo plan contra la crisis alimentaria.

En el último minuto se amplió la ayuda a los más desfavorecidos

En la filosofía del nuevo plan se aprecia la mano de Estados Unidos

100 millones de personas más pasarán hambre este año, según la ONU

España elevó a 1.500 millones la ayuda para los próximos cinco años

"Tengo la satisfacción de anunciar que se ha acordado dotar el fondo contra el hambre con 20.000 millones de dólares (14.200 millones de euros)", anunció el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en la conferencia de prensa que puso el colofón a tres días de cumbre en la ciudad italiana, asolada por un terremoto hace tres meses. El compromiso, que se bautizó como Iniciativa de L'Aquila para la Seguridad Alimentaria, llegó tras la última de las reuniones ampliadas que han caracterizado esta cita del G-8. En esta ocasión, a las discusiones sobre cómo reducir el número de personas que sufren malnutrición, se sumaron las grandes economías emergentes, varios países europeos y asiáticos que no están en el G-8, como España, y representantes de ocho gobiernos africanos.

El grueso del nuevo fondo correrá a cargo del G-8 y de los países europeos que se añadieron ayer a la cita del club de los más ricos, aunque muy pocos concretaron su aportación. La satisfacción de Berlusconi estaba justificada. No sólo porque la cumbre italiana tuvo éxito allí donde se fracasó en 2008. También porque, como resaltó el subdirector general del Programa Mundial de Alimentos (ONU), Staffan de Mistura, el fondo se amplió de 15.000 a 20.000 millones de dólares "con un acuerdo de último minuto". La ONU cree que la intensa crisis económica empujará el hambre extrema a 100 millones de personas más este año, hasta superar los 1.000 millones de afectados. O lo que es lo mismo, una de cada seis personas en el mundo.

La propuesta de crear un fondo de 15.000 millones fue promovida por el presidente de EE UU, Barack Obama, desde el inicio de la cumbre. Y al empeño de Obama se debe en buena parte que tuviera éxito en una actitud opuesta a la que mantuvo hace un año George W. Bush. La mano norteamericana también se aprecia en la filosofía del nuevo plan, que dará prioridad a subvencionar inversiones a pequeña escala que permitan a los agricultores de los países más pobres mantener y ampliar sus cultivos.

"Obama tiene una voluntad real de actuar contra el hambre en África", valoró el presidente de Senegal, Wade, en declaraciones a la agencia Reuters. "El nuevo concepto es que se produzca en África, no enviar lo que sobra de las cosechas de EE UU a gente con hambre", añadió Wade. La iniciativa de L'Aquila recoge el objetivo de "incentivar la inversión internacional en la agricultura" para evitar que los países pobres tengan que malvender sus terrenos cultivables. Y acuerda destinar una parte del fondo a facilitar el acceso a agua potable y de riego.

"Por más crisis financiera que tengamos el reto debe ser la lucha contra el hambre", afirmó el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en una conferencia de prensa tras la reunión. Zapatero, que ya organizó un encuentro internacional con la ONU sobre seguridad alimentaría en Madrid, en enero, tuvo un destacado protagonismo en la jornada de ayer. Dio uno de los discursos que abrieron la reunión y fue uno de los pocos que concretó la aportación al nuevo fondo. El Gobierno español decidió elevar de 1.000 a 1.500 millones de euros la partida que anunció en Madrid para estas políticas durante los próximos cinco años.

Zapatero detalló que los 500 millones adicionales se destinarán de forma preferente a programas contra la desnutrición infantil, que es la causa directa de un tercio de los fallecimientos de niños en el mundo. Según la ONG Save the Children, más de nueve millones de menores de cinco años mueren anualmente. "La seguridad alimentaria será una línea de actuación básica de la presidencia española de la UE en 2010", aseguró.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de julio de 2009