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Berlusconi: "El ataque mediático no perjudicará el G-8"

Nueva polémica en Roma por las críticas a la organización de la cumbre

Tras las críticas feroces de los obispos, Silvio Berlusconi intenta gestionar a toda prisa una audiencia privada con el Papa y busca en el G-8 un éxito que detenga la creciente pérdida de credibilidad internacional. La cumbre de los ocho grandes de la tierra, a la que se sumarán esta vez el G-5 (las economías emergentes) y Egipto, además de una quincena de países invitados, entre ellos España, se presenta como una delicada prueba para un Berlusconi debilitado, que parece afrontar con optimismo y buena cara los escándalos de las velinas y las críticas.

"Los ataques de la prensa no condicionarán la cumbre", dijo ayer en rueda de prensa el primer ministro. A su juicio, la reunión será un éxito gracias a él. El mundo "corría el peligro de regresar a un clima de guerra fría", dada la mala relación entre Estados Unidos y Rusia, pero él lo ha resuelto: "He trabajado para que se volviera a un estado óptimo de confianza, cosa que ha sucedido".

Il Cavaliere presume de contar con el apoyo del 64% de los italianos

En cuanto a los escándalos que han confirmado el sistema según el cual las mujeres que frecuentan sus fiestas reciben a cambio dinero, cargos o candidaturas políticas, Berlusconi intenta transmitir tranquilidad: "A pesar de los ataques promovidos por un grupo italiano y una cierta prensa extranjera", dijo, "esta mañana Euromedia Research me daba el apoyo del 64% de los italianos. Una situación récord que en el mundo sólo tienen Lula, Obama y Medvédev. Una cosa es la realidad y otra las calumnias".

Berlusconi calificó a The Guardian como un "diario pequeño" al desmentir una información que sostiene que Italia podría salir del grupo de los ocho y dejar su lugar a España, ya que, escribía The Guardian, "disfruta de una renta per cápita más alta y cumple con sus compromisos de ayuda a los países pobres".

El rotativo londinense afirmó además que ante la ausencia de iniciativas sustanciales por parte italiana para organizar la agenda de la cumbre, "Estados Unidos se hizo con el control para inyectar" algún significado a la reunión.

Nadie duda que la prisa y la improvisación han marcado los preparativos, y que la precipitada elección de L'Aquila como sede nunca convenció a los socios del club. Fue una decisión de Berlusconi, tomada tras el terremoto del 6 de abril, que dejó 307 víctimas y 1.500 heridos. El primer ministro, cuya popularidad subió como la espuma en las encuestas con sus visitas a la ciudad, quiso dar una señal de solidaridad y sobriedad descartando a La Magdalena, en Cerdeña.

Ahora, las complicaciones logísticas y de seguridad, y sobre todo el elevado riesgo sísmico y el descontento de los vecinos, plantean amenazas sobre la cumbre. Las familias desplazadas por el terremoto, en su mayor parte alojadas en tiendas de campaña, han reivindicado su derecho a vivir el luto en calma, y han protestado contra el "desfile" de autoridades y el gasto de tiempo y dinero que la cumbre restará a la reconstrucción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de julio de 2009