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Crítica:

En el quinto pino

Desde los tiempos de Doctor en Alaska, el relato del profesional que, bien por falta de experiencia, bien por castigo laboral, debe partir para ejercer su trabajo en un lugar remoto, sin apenas comunicación y copado por lugareños orgullosos de serlo, se ha convertido en un clásico argumental del cine y la televisión. No hace mucho, semejante planteamiento llevó a millones de franceses a pasar por taquilla para ver la sin gracia Bienvenidos al norte, y aquí tenemos un nuevo ejemplo: Ejecutiva en apuros, vehículo al servicio de la dudosa comicidad de Renée Zellweger que, además de su presencia, cumple a rajatabla el manual de guión del, digámoslo así, subgénero "atrapado en el quinto pino".

EJECUTIVA EN APUROS

Dirección: Jonas Elmer.

Intérpretes: Renée Zellweger, Harry Connick Jr., J. K. Simmons, Siobahn Fallon, Frances Conroy.

Género: comedia. EE UU, 2009.

Duración: 97 minutos.

Llámese Bergues, en el norte de Francia, llámese Cicely, en Alaska, siempre hay un lugar en el mundo al que nadie quiere ir a vivir... a no ser que seas de allí. Partiendo de esa base, Ejecutiva en apuros, ambientada en un poblacho de Minnesota aterido de frío, tiene un guión de escuadra y cartabón. A saber: prólogo en la ciudad, en el que se demuestra el carácter urbanita del protagonista; orden del mando que acaba con nuestra criatura en medio de la nada; primer encontronazo con el paisaje y sus gentes; rendija que abre la posibilidad de que el infierno no lo sea tanto; compatibilidad con lugareño del sexo contrario que lleva al convencimiento de que el amor habita en cualquier esquina; malentendido que provoca un nuevo choque; redención, reconciliación y... En fin, archisabido.

Para que este tipo de relatos funcionen, más allá del molde estructural, son necesarias dos cosas: un protagonista con carisma y una galería de secundarios insólita. En Ejecutiva en apuros, comedia blanca para todos los públicos, la primera de las condiciones parece más que discutible. Desde El diario de Bridget Jones, Zellweger parece atascada en su propio mohín (cada vez menos visible a causa del botox). Sin embargo, la corte de secundarios la redime un tanto de sus carencias y, sin llegar a salvarla, al menos la hace soportable en los (pocos) planos en los que no sale su protagonista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 2009