Entrevista:ELFRIEDE HARTH | Representante de Catholics for Choice

"Los obispos sólo protestan por asuntos de la zona pélvica"

Elfriede Harth es la representante para Europa de Catholics for Choice (Católicos en favor del Derecho a Decidir), una ONG que nació hace 35 años en las escaleras de la catedral de Nueva York cuando tres mujeres, católicas, protestaron por la posición pública de los obispos contra Roe vs. Wade, la sentencia del Tribunal Supremo que reconoció en EE UU el derecho al aborto. La semana pasada estuvo en Madrid para participar en unas jornadas organizadas por la Federación de Planificación Familiar de España y, como sus tres colegas en 1973, pidió a la Iglesia que se mantenga al margen del debate sobre la reforma de la ley del aborto: "Los obispos no deben meterse ni interferir en los procesos legislativos".

A pesar de su nombre, Elfriede Harth es colombiana. Hija de padre alemán, estudió en un convento de monjas ursulinas y después en el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Va a cumplir 60 años, tiene cinco hijos y cinco nietos y está divorciada. La organización a la que pertenece -que no tiene socios afiliados pero maneja un presupuesto anual de tres millones de euros- sostiene que la tradición católica permite a las mujeres decidir sobre su sexualidad y sobre la maternidad. Diga lo que diga el Vaticano.

Recuerda que no siempre ha habido acuerdo dentro de la Iglesia. "Santo Tomás aceptaba el aborto cuando decía que no existía un ser humano hasta los 40 días de gestación si se trataba de un varón y hasta los 90 si era una niña". San Agustín también escribió que "el acto del aborto no se considera homicidio, porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos". "Por otro lado", añade Harth, "si se considera a cualquier embrión o feto como humano ¿por qué no los bautizan?".

"Nosotras somos la voz religiosa dentro de las asociaciones de mujeres y la voz de los derechos sexuales y reproductivos dentro del movimiento de base de la Iglesia católica", añade mientras come apresurada un bocadillo de jamón en su visita relámpago a España. Está siguiendo con gran interés el debate sobre la reforma de la ley del aborto y le gusta el anteproyecto aprobado por el Gobierno "porque es respetuoso con la voluntad de las mujeres". Contempla "asombrada" el papel que está jugando la Iglesia en el proceso. "La jerarquía católica se empeña en influir en las políticas públicas, y los obispos presionan a los Gobiernos para negar a las mujeres el derecho a decidir. No tienen en cuenta que no todos los españoles son católicos, ni que no todos los católicos están de acuerdo con sus ideas sobre la sexualidad".

Su organización rechaza que los obispos sólo salgan a la calle "para protestar por asuntos de la zona pélvica, no por guerras ni por vulneraciones de derechos humanos". "Sólo este tema les obsesiona", afirma. "De hecho, durante muchos siglos, el aborto fue pecado no por vulnerar el quinto mandamiento -no matarás- sino el sexto, que prohíbe fornicar. Y si nos centramos en el 'no matarás', también habría que recordarles que ellos mismos han previsto excepciones como la legítima defensa, la guerra justa y, hasta hace bien poco, la pena de muerte".

"Los católicos que no nos identificamos con estas ideas debemos alzar la voz", dice. "Tenemos una encuesta realizada en Brasil en 2007 que señala que el 65% de los católicos estaban de acuerdo en ampliar la restrictiva ley del aborto. Otra, de 2003, señalaba que dos de cada tres bolivianos y siete de cada diez mexicanos defendían que el embarazo pudiera interrumpirse en algunos casos".

¿Es lícito discrepar en una organización religiosa en la que la fuerte estructura jerárquica procede, supuestamente, de Dios? "Sí porque no ha sido siempre así", se apresura a matizar. "El Concilio Vaticano I, a finales del XIX, fue el que consagró esta estructura piramidal, una monarquía absoluta en la que la base no puede participar. Esto debe cambiar. La jerarquía no puede actuar contra la voluntad de los fieles. Es necesario un debate serio sobre los derechos sexuales de las mujeres".

Elfriede Harth, en Madrid.
Elfriede Harth, en Madrid.CRISTÓBAL MANUEL

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 30 de mayo de 2009.

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