Europa, entre lo nuevo y el regreso al origen

Hay que hacer algo con el sistema educativo. Desde Francia hasta Italia, Reino Unido o Alemania, y por supuesto, España, el debate de la educación va desde la nostalgia por tiempos pasados, por el esfuerzo, la disciplina y el amor por los contenidos, presuntamente perdidos, hasta las corrientes que dicen que la escuela tiene aún una estructura decimonónica que ya no sirve para educar a los chavales del siglo XXI.

Los primeros, muchas veces con alergia a la palabra pedagogía, toman medidas como la francesa de que los chavales vuelvan a llamar de usted y se levanten cuando entre en clase el profesor. Pero las cosas no son tan sencillas, porque ambas ideas pugnan en cada país. Por ejemplo, Francia también ha planteado un cambio de los liceos que propone menos horas de clase, un replanteamiento de las especialidades y reformas en los apoyos a los alumnos con dificultades. Las protestas estudiantiles hicieron que el pasado diciembre el Gobierno francés pospusiera los cambios.

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Nota de conducta

En Italia, la ministra de Educación Mariastella Gelmini también se ha movido entre las medidas arcaicas y las más novedosas: introdujo la obligación de volver al babi en primaria, y recuperó la nota en conducta para controlar "el matonismo y la indisciplina", pero habló de libros de texto digitalizados. Su de volver al maestro único por clase en primaria hizo saltar de furia de los sindicatos porque conllevaría el despido de muchos docentes.

En cualquier caso, parece que a la escuela europea le cuesta mantenerse dentro de sus costuras y busca un nuevos caminos. "Hay que ver cómo lo adaptamos sin perder el rigor y los objetivos de la educación", decía a este periódico en 2007 la experta en nuevas tecnologías Angela Mcfarlane, antigua asesora del Gobierno británico. Mcfarlane lo explicaba de la siguiente manera: Hace 100 años, una persona con una buena educación conocía las ideas más sobresalientes de todas las áreas del conocimiento, pero hoy es imposible, incluso para un experto en un área muy pequeña, mantenerse al día. Es decir, hoy hay que enseñar a los jóvenes a obtener y manejar información nueva más que recordar informaciones concretas.

En España, también existe claramente esa tensión entre los que propugnan un cambio profundo hacia el futuro, porque consideran que hay una organización muy rígida, y las corrientes que creen que son precisamente los experimentos pedagógicos los que causan los males del sistema. Así, mientras algunos expertos se quejan de currículos cada vez más cargados, con muchas asignaturas, sobre todo en secundaria, otros no se terminan de creer la introducción de las competencias básicas como objetivo de la educación obligatoria, esto es, ya no se trata sólo de lo que los niños sepan al terminar cada etapa educativa, sino de lo que sepan hacer con esos conocimientos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 29 de marzo de 2009.

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