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España se juega en la crisis de EADS el futuro de su industria aeronáutica

El Gobierno ha perdido la confianza en los directivos del gigante aeroespacial

"Le escribo en nombre del Gobierno español. Quisiera presentarle una queja formal por la forma en que está siendo conducida la reestructuración de EADS. Me gustaría que tomara conciencia del daño que una mala gestión del proceso podría hacer a la compañía en momentos en que ésta necesita de todo el apoyo posible".

Sin concesiones. Desde la primera línea, la carta que la secretaria general de Industria, Teresa Santero, dirigió el martes al jefe de la junta de directores del EADS, Rüdiger Grube, muestra la profundidad de la crisis entre el Gobierno español y la cúpula del gigante aeronáutico europeo.

El frenazo a la destitución del director de la división española de EADS, Carlos Suárez, y las conciliadoras declaraciones del consejero delegado de EADS, el francés Louis Gallois, el pasado viernes a EL PAÍS, en las que aseguró que se cumplirán los compromisos con España, son un impasse en una batalla no cerrada.

Se da por hecha la destitución del español Suárez en los próximos días

No peligran los empleos de Sevilla, sino los centros de investigación

Nacida en 2000 de la fusión de las firmas Aéroespatiale-Matra (Francia), DASA (Alemania) y CASA (España), la compañía EADS y su filial Airbus son, junto al euro, uno de los escasos éxitos de la cooperación europea. Eso no significa que no esté exenta de problemas. Especialmente para España que, con un 5,5% de las acciones, ha tenido que abrirse un hueco a codazos frente al rodillo franco-germano. La dificultad de España para mantener cierta independencia en el sector aeronáutico y no quedar relegada al papel de planta de montaje (como en el sector del automóvil) explica la caída de los antecesores de Suárez: Alberto Fernández y Francisco Fernández Sainz.

El desencadenante del último episodio es el programa A400M, el más importante de la División de Aviones de Transporte Militar (MTAD, por sus siglas en inglés), la sección española de EADS. La fabricación de este avión debía iniciarse en 2009, pero el primer vuelo aún no tiene fecha. EADS ha entregado a OCCAR, la agencia que gestiona el proyecto para los gobiernos implicados (Francia, Reino Unido, Alemania, España, Turquía, Bélgica y Luxemburgo), una propuesta para rebajar los requisitos operativos y demorar el calendario de entregas.

En poco más de un mes, los gobiernos dirán si aceptan modificar el contrato del A400M. Lo que no harán, aunque lo mantengan en suspenso, es renunciar definitivamente a las penalizaciones previstas por el retraso, lo que ha obligado a EADS a provisionar ya 1.700 millones de euros.

La tentación de imputar a la división española el fiasco del A400M es grande. Pero fuentes de la compañía subrayan que el pecado original estaba en el contrato, que estableció un precio fijo de 20.000 millones de euros, pese a que muchos de sus componentes estuvieran por desarrollar, con la incertidumbre que conlleva. De hecho, los mayores problemas han procedido del motor MTU de Rolls-Royce y de los subcontratistas; entre ellos, el propio Airbus.

Pese a ello, el Consejo de Administración de EADS aprobó el 12 de diciembre una reestructuración de la compañía que pasa por integrar la MTAD en Airbus. Suárez fue de los que más hizo para convencer al Gobierno de que la reconversión no suponía pérdida de peso para España.

Pero cuando se entró en la letra pequeña, las alarmas saltaron. Las garantías de que la división militar se mantendría como una unidad de negocio diferenciada, con capacidad para gestionar sus proyectos, se esfumaron.

El 1 de febrero, Suárez dirigió una carta a Gallois y al alemán Tom Enders (consejero delegado de Airbus) en la que reconocía amargamente que "si hubiera conocido entonces [cuando se aprobó la integración] la actual posición de Airbus, mi actitud habría sido muy diferente". Y anunciaba su decisión de no seguir negociando la integración ni asistir a reuniones ejecutivas de Airbus.

El 12 de febrero, Gallois se reunió en Madrid con el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y el secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, entre otros altos cargos. Les anunció su decisión de destituir a Suárez, cuyo mandato expira en 2012. Sebastián replicó que, en ese caso, también debería relevar a Enders.

"Lo sucedido tras esa reunión ha sido desalentador, lo que está llevando a una lamentable situación de falta de entendimiento entre los representantes de EADS y el Gobierno español", escribió la secretaria de Estado de Industria a Grube en su misiva del pasado miércoles. Las fuentes consultadas dan por hecho que Suárez será sustituido en los próximos días. Aunque Sebastián se ha opuesto por ahora al nombramiento de Domingo Ureña, el candidato de Enders, nadie duda de su valía profesional. El problema de fondo es la pérdida de confianza del Gobierno en los máximos directivos de EADS, empezando por Gallois.

"Vamos a tutelar de cerca el proceso de integración, no vamos a permitir que la división española se diluya ni que incumplan de nuevo los compromisos pactados", advierte un alto cargo implicado en el proceso. En contra de lo que se ha querido hacer creer, en juego no está la mano de obra de la planta de ensamblaje del A400M en San Pablo (Sevilla), sino los centros de investigación y excelencia en nuevos materiales o en vehículos no tripulados. Es la tecnología, estúpido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de febrero de 2009