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Reportaje:CIENCIA ESPAÑOLA

El hombre magnético

Javier Tejada es uno de los pocos españoles que pasará a la historia como descubridor de un nuevo fenómeno de la física. Además, tiene 15 patentes fruto de sus investigaciones

La vida de Javier Tejada cambió el día en que aterrizó en el aeropuerto de El Prat el eminente científico ruso Eugene Chudnovsky, ataviado con una cazadora de aviador, un sombrero de fieltro y un pantalón gris. "¡Pero si es igual que Einstein!", se dijo para sus adentros el científico navarro. "Hubo un flechazo mutuo, allí comenzó mi romance científico con Chudnovsky y con el magnetismo cuántico", cuenta Tejada. Un flechazo que le ha conducido a convertirse en uno de los escasos científicos españoles que pueden presumir de ser descubridores de un nuevo fenómeno en la historia de la física.

Fue un caluroso 7 de enero de 1990. Allí estaba Tejada en la terminal, sujetando un cartel blanco en el que había escrito con rotulador negro el nombre del eminente profesor, el hombre por el que había firmado tantas cartas pidiendo al régimen comunista de la URSS que le liberara de su arresto domiciliario. "Tuve la sensación de que estaba delante de Einstein, su parecido en aquel entonces era espectacular", recuerda Tejada, que ahora tiene 61 años. Se lo llevó a tomar una paella a un chiringuito de Castelldefels, y al profesor, durante años recluido en su casa de Jarkov (Ucrania), los ojos se le salían de las órbitas al ver a las mujeres en top less. "¡Pero Javier, si estamos rodeados de mujeres desnudas!".

"En España hay muchos científicos que han recibido dinero para investigaciones muy poco importantes"

Dos años antes, en 1988, Chudnovsky había publicado la teoría del efecto túnel de magnetización. En 1989, Tejada le escribía diciéndole que quería verificarla en su laboratorio de Barcelona. Así se gestó un descubrimiento que la prestigiosa revista Nature catalogó el año pasado como uno de los 23 hitos históricos en la ciencia del espín (propiedad de las partículas, como lo es la masa o la carga eléctrica). En la lista de los descubridores de estos hitos figuran premios Nobel como Albert Einstein u Otto Stern.

Desde hace 19 años, Chudnovsky y Tejada pasan juntos los tres meses de verano, trabajando. "Sus cálculos me los explica sobre la arena de las playas de Castelldefels y Comarruga. Luego, el agua se los lleva".

Tejada camina hacia la Facultad de Físicas de la Universidad de Barcelona, donde ejerce como catedrático, con la sonrisa puesta. Está de muy buen humor. No en vano, el miércoles pasado, la Generalitat le concedió el Premio Icrea Academia, dotado con 250.000 euros. Explica el efecto túnel de magnetización con una metáfora: una brújula es capaz de pasar de señalar el Norte a señalar el Sur, o viceversa; y eso sucede cuando la brújula es muy pequeñita y está a muy bajas temperaturas. Ésta es una peculiar propiedad física de las partículas subatómicas. Hablamos de física cuántica, la que explica el comportamiento de la materia; hablamos de mundos minúsculos.

"Tejada tiene una trayectoria muy consolidada y lo que ha conseguido en colaboración con investigadores de la City University de Nueva York con el efecto túnel es algo excepcional", manifiesta José Luis Vicent, catedrático de Física de la Universidad Complutense de Madrid. "Hubiese sido un excelente renacentista: es muy activo, buen profesor, divulgador y ha formado a gente muy valiosa". Son 955 las citas que su trabajo, publicado en 1996, ha recibido en revistas científicas. Algo tan poco usual como el número de patentes derivadas de sus investigaciones: 15. El campo de la física del espín ofrece aplicaciones prácticas en ordenadores e iPods. De hecho, la espintrónica es una tecnología emergente que en 2007 fue premiada con el Nobel al francés Fert y al alemán Grünberg. Antonio Fernández-Rañada, presidente de la Real Sociedad Española de Física, destaca que es fundamental que las investigaciones de los físicos españoles conduzcan a patentes, como en el caso de Tejada. Que las ideas encuentren aplicaciones concretas.

El Banco Central Europeo es uno de los organismos que se nutre de una de las patentes de Tejada: métodos de seguridad para la moneda europea. El profesor declina hablar de esta materia, 50 páginas de cláusulas de confidencialidad se lo impiden.

La pasión por inventar y patentar le viene de la cuna. Tejada creció sobre una fábrica de lejía, a las afueras de un pueblo de Navarra: Castejón. La dirigían su padre y su tío, el hogar familiar estaba situado sobre la fábrica. El pequeño Javier asistía con ojos curiosos a los experimentos de su progenitor, que buscaba como loco una nueva línea de negocio para la fábrica. La distribución de lejía había tocado techo, se necesitaba algo nuevo. Se propuso inventar una pastilla de lejía sólida que sirviera para desinfectar las piscinas. Tejada recuerda perfectamente el día en que su padre subió a casa y proclamó: "Creo que esto funciona. La pastilla aclara, limpia y desinfecta". El invento prosperó, aunque costó abrir nuevos mercados. "Allí nació mi curiosidad", confiesa. "Yo era el pinche del laboratorio".

Su mano derecha y su mano izquierda en la Facultad de Físicas de la Universidad de Barcelona lo retratan como un hombre que nunca se conforma. "Se distingue por proponer retos constantemente", dice Antoni García Santiago. "Tiene muchas ideas, a veces le tengo que poner los frenos", cuenta Joan Manel Hernández. También tiene su pronto, cuenta un miembro de su equipo, ahí es cuando emerge el navarro que lleva dentro.

En su despacho hay más trofeos de torneos de fútbol con equipos de veteranos que diplomas académicos. Tejada estuvo a punto de convertirse en jugador profesional, jugó de extremo izquierdo en los juveniles del Zaragoza. Pero tuvo que elegir: "En aquellos años, el fútbol estaba mal visto en el ambiente universitario".

Autor, junto a Eduardo Punset y Chudnovsky, del libro divulgativo El templo de la ciencia: los científicos y sus creencias, habla de los fondos que los investigadores reciben del Estado: "Aquí la gente se queja mucho. En España hay muchos científicos que han recibido dinero para investigaciones muy poco importantes. Si se da el salto de invertir el triple en investigación, no servirá de nada si no cambia la mentalidad del científico, se hará más de lo mismo. Hay que apostar por lo nuevo, por proyectos rompedores, ésa es la clave". -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de febrero de 2009