_
_
_
_
Crítica:COMER
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

150 minutos para someterse a Aduriz

MUGARITZ, platos espirituales de un 'chef' que reclama concentración y entrega en los comensales

José Carlos Capel

Antes que cocinero, Andoni Luis Aduriz es un símbolo avanzado de la vanguardia. Más que nunca hasta ahora, tras la conmemoración de su décimo aniversario, el restaurante Mugaritz, caserío guipuzcoano aislado entre Oiartzun y Astigarraga, podría calificarse de insólito monasterio en el que se suscitan vías de reflexión a través de los alimentos. Al menos eso pretende su artífice, autor de distintos libros de literatura culinaria, profesional elegante cuya línea de pensamiento, que se aleja de convencionalismos, se plasma en una cocina en la que priman los conceptos. Un lugar nada propicio para el bullicio de las comidas colectivas, donde los comensales deben acceder con una predisposición anímica, en actitud positiva de concentración y entrega. "Aparte del estómago, intento reconfortar el espíritu", afirma Aduriz.

MUGARITZ

PUNTUACIÓN: 9

Aldura Aldea, 20. Caserío Otzazulueta. Rentería (Guipúzcoa). Teléfono: 943 51 83 43. Web: www.mugaritz.com. Cierra: domingo noche, lunes todo el día y martes al mediodía. Precios: Menú Sustraiak (cinco medias raciones, selección de quesos y dos postres), 95 euros, más IVA. Menú Naturan (ocho medias raciones y tres postres), 125 euros, más IVA.

¿Has comido alguna vez en Mugaritz? Comenta tu experiencia con otros viajeros

En cada mesa, junto a la carta, aparecen dos sobres con sendos mensajes. Primer texto paradójico: "150 minutos... Rebélate" (tiempo que se supone necesita un comensal para incomodarse, alterarse, impacientarse y padecer sentado). Segunda provocación escrita: "150 minutos... Sométete" (lo necesario para sentir, imaginar, rememorar, descubrir y contemplar el mundo a través de estímulos sensoriales). Una suerte de sadomasoquismo gastronómico que no se corresponde con el delicado sabor de sus propuestas.

Notoriedad de las texturas

Mugaritz nunca deja indiferente: entusiasma o decepciona. Con frecuencia, Aduriz se mueve en el umbral de una insipidez calculada, alimentos de bajo perfil sápido que prestan especial notoriedad a las texturas, en el estilo de la espiritualidad culinaria nipona. Como ejemplo, sus tallos de cardo rojo sobre esencia de chufas a la piel de leche de cabra, conjunto de escaso sabor, una transgresión amable. "Para algunos somos subversivos porque no ofrecemos lo que esperan", recalca. En plena temporada invernal, su menú presenta tonalidades claras y juega con sabores suaves, un neonaturalismo con técnica y creatividad a raudales.

Resulta sublime su carpaccio, trampantojo genial que no contiene la carne que aparenta, sino una rodaja de sandía sometida a complejos tratamientos. Plato tan suave como la cococha de bacalao a la miel de acacia, de sedosidad emocionante. O el ravioli de changurro y castañas, que flota en un consomé translúcido de hojas y tallos alimonados.

Boletín

Las mejores recomendaciones para viajar, cada semana en tu bandeja de entrada
RECÍBELAS

Que el estilo de Aduriz no se parece a nada lo ratifica la cola de langosta salteada, prácticamente cruda, sobre una base de liliáceas y hierbaluisa. Igual de sugerente que el lomo de lenguado arropado en una salazón de hojas de achicoria. O el foie-gras de pato, uno de sus alimentos fetiche, que ahúma a la parrilla y sirve en compañía de semillas de mostaza. O la gran becada, asada y deshuesada sobre hojas oxidadas y fritas de acelgas. ¿Algo discutible? Por supuesto: el estofado de raya sobre un consomé de ave tan intenso que anula el delicado aroma de la trufa negra que se ralla sobre el plato. En Mugaritz sólo cabe optar por uno de sus dos menús, Sustraiak y Naturan, que persiguen la perfección en línea con el refinamiento de la casa. Actitud que alcanza al servicio, que bajo la dirección de José Ramón Calvo observa las recomendaciones de un coreógrafo para prestar armonía a los movimientos del personal de sala.

Comedor de Mugaritz, el restaurante de Andoni Luis Aduriz, con interiorismo del estudio Laia de San Sebastián.
Comedor de Mugaritz, el restaurante de Andoni Luis Aduriz, con interiorismo del estudio Laia de San Sebastián.JESÚS URIARTE

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

José Carlos Capel
Economista. Crítico de EL PAÍS desde hace 34 años. Miembro de la Real Academia de Gastronomía y de varias cofradías gastronómicas españolas y europeas, incluida la de Gastrónomos Pobres. Fundador en 2003 del congreso de alta cocina Madrid Fusión. Tiene publicados 45 libros de literatura gastronómica. Cocina por afición, sobre todo los desayunos.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_