Cartas al director
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Quinta libertad

Habiendo leído el panegírico de Carlos Martínez Alonso en pro de la ciencia en Europa (EL PAÍS, 11 de diciembre), sigo sin saber cuáles considera él que son los problemas ni cuáles las soluciones. Concretamente, me llama la atención su afirmación de que "Europa todavía tiene pendiente un logro, y es el de la llamada quinta libertad o libre movimiento de científicos en toda la Unión".

Tal vez desde las alturas ministeriales no se percibe, pero los científicos europeos nos movemos. Y mucho. Como trabajadores de la UE, disponemos de libertad para trabajar donde queramos, libertad que aprovechamos gracias a que el método científico es el mismo en todas partes. Otra cosa, tal vez más preocupante para quien es responsable de la ciencia en España, es que el flujo vaya generalmente en una sola dirección. Propongo pues al señor secretario de Estado de Investigación que deje de ponderar la paja en el ojo europeo, y se concentre en la viga en el propio. Para empezar, aquí van un par de medidas que ayudarían a que científicos, europeos o no (¡qué más da de donde vengan!), puedan trabajar en España.

En vez de decidir la oferta de plazas desde Madrid una vez al año y anunciarlas, en castellano, en el Boletín Oficial del Estado, dejen que sean los propios centros quienes decidan de acuerdo a su presupuesto y necesidades, y obliguen a dichos centros a anunciar sus ofertas de trabajo en revistas científicas internacionales y páginas web especializadas.

Dejen de exigir la homologación de las titulaciones extranjeras: actualmente, un hipotético doctor por la Universidad de Harvard, o el MIT, o Cambridge, no podría trabajar en España hasta conseguir el papel que lo reconoce como tal. El trámite puede durar un año. Entretanto, el científico se habrá buscado la vida en otra parte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 15 de diciembre de 2008.

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