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Reportaje:

La Habana fue el objetivo

Una exposición evoca cómo reflejaron fotógrafos de todo el mundo el triunfo de la revolución cubana

En la sierra, en el campo y en los pueblos, entre tiros, y por fin en la entrada en La Habana, en medio del fervor popular, los fotógrafos disparaban sus cámaras para hacer saber al planeta el advenimiento de la revolución. El 1 de enero de 1959, Fidel Castro y los suyos entraban en La Habana mientras fotorreporteros de todo el mundo corrían a retratar todo lo que ocurría. Pocos hechos históricos han sido más inmortalizados que la revolución cubana. Las imágenes de sus máximos líderes, el propio Castro y sobre todo Ernesto Che Guevara, dieron la vuelta al mundo desde las páginas de las revistas más prestigiosas y se convirtieron en todo un símbolo. La fotografía vivió su propia revolución como expresión artística y dio al levantamiento una belleza plástica que se convirtió en su mejor propaganda.

Ahora, cuando están a punto de cumplirse 50 años de aquellas horas históricas, la Escuela de Fotografía de Madrid dedica una exposición al trabajo de una gran parte de los fotógrafos que captaron con sus cámaras las imágenes de la revolución. Miradas reveladoras está compuesta por 65 obras de fotógrafos cubanos -como Alberto Díaz Gutiérrez (Korda), Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas, Liborio Noval, Ernesto Fernández, José Agraz, Perfecto Romero y Luis Pierce- pero también de fuera de la isla, como Burt Glinn, René Burri, Roger Pic, Robert Taber, Antonio Gabriel o César Lucas.

El comisario de la muestra, Diego Caballos, responsable del archivo gráfico de la agencia Efe, explica que su intención es mostrar por primera vez el modo en que los fotógrafos se sintieron fascinados por la revolución cubana. "Todos ellos fueron seducidos por la fuerza plástica del levantamiento contra Fulgencio Batista, en manos de unos líderes cuya fotogenia ensalzó su imagen de cara a la historia". "Los fotógrafos", prosigue Caballos, "se la jugaban para estar en primera línea pese a que no siempre eran bien recibidos. Lo fotografiaban todo: cómo comían, cómo leían, cómo dormían o cómo discutían los revolucionarios. Y, sobre todo cómo se les recibía en los pueblos según iban avanzando. Todo se transmitía a través de las agencias internacionales y Castro y el Che se dieron cuenta de la propaganda que eso suponía".

Muchas imágenes muestran a los dos líderes juntos: pescando en alta mar o charlando puro en mano. No es casualidad que abunden los primeros planos del Che: su belleza y carácter introspectivo eran especialmente atractivos para las cámaras. Se le ve tomando mate, pensativo y con la mirada ausente, en plena arenga, riéndose a carcajada limpia sentado en el suelo, en el campo, paseando en solitario por La Habana y por Madrid. Del pueblo anónimo se muestran unas manos arrugadas y oscuras tocando el tambor, sombreros y gritos de júbilo en torno a pancartas en las que sólo se lee una palabra: victoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de diciembre de 2008