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CARTAS AL DIRECTOR

Los restos de Machado y Azaña

Llega el domingo y dejando aparte su absorbente biografía de Manuel Azaña, recién publicada, leo un artículo de mi admirado Santos Juliá, Lugares de la memoria histórica, en el que obviamente responde a otro mío publicado también en este periódico, ¿Por qué no traer a Azaña y Machado a España?, y aparte de sorprenderme su ataque a "quienes han convertido en una profesión la recuperación de la memoria", algo que debería ser, en todo caso, una definición del trabajo de los historiadores como él, me deja helado su argumento manido de que exhumar a Lorca, Machado o Azaña "equivaldría a destruir" esa memoria. Me temo que con el mismo argumento tendríamos que dejar las estatuas de Franco en nuestras calles y, por supuesto, permitir que los miles de españoles enterrados en fosas comunes sigan allí, cada uno en su cuneta o al pie de la tapia de su cementerio. ¿O lo que vale para los muertos famosos no vale para los demás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 2008