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Crítica:

Ralentización temporal

Cuentan los especialistas en videojuegos que una de las grandes virtudes de Max Payne, juego de culto creado en el año 2001, era la introducción en su desarrollo del llamado efecto bala (bullet time), ralentización del tiempo que permite ver con nitidez el recorrido de un disparo (al estilo John Woo o Matrix), lo que provocaba que el jugador pudiese realizar movimientos de otro modo imposibles.

Siete años después de su aparición, y tras el éxito comercial y el fracaso creativo de todas y cada una de las películas basadas en un videojuego previo, aterriza Max Payne, versión película, un largometraje donde el concepto "ralentización del tiempo" adquiere cotas insospechadas.

Mortal kombat, Resident evil (y sus secuelas), Tomb raider, Alone in the dark, House of the dead, Silent Hill, Hitman, Doom... Por desgracia, las hemos visto todas. Su base dramática y argumental era un videojuego, pero los guionistas encargados de trasladar la acción a la pantalla fracasaron, incapaces de inocular en el espectador la sensación de subida de adrenalina del juego, e incapaces de aportar al escueto soporte argumental una trama que no hiciese eternas las secuencias de acción y soporíferas las transiciones entre ellas. Max Payne, dirigida por el especialista en remakes John Moore (las nuevas versiones de El vuelo del Fénix y La profecía eran suyas), y protagonizada por Mark Wahlberg, es un más de lo mismo, aunque quizá peor.

MAX PAYNE

Dirección: John Moore.

Intérpretes: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Beau Bridges, Chris O'Donnell, Ludacris, Olga Kurylenko.

Género: acción. EE UU, 2008.

Duración: 99 minutos.

Los filmes sobre videojuegos tienen éxito comercial y fracaso creativo

Y eso que la película tiene un par de hilos interesantes de los que tirar, caso de la posibilidad de que las poderosas farmacéuticas experimenten con drogas que permitan a los ejércitos luchar con más bravura, o la denuncia de los desmanes de las compañías de seguridad de las grandes corporaciones. Sin embargo, ni la visualización de los oníricos efectos secundarios del medicamento creada por Moore, que no pasa de churrigueresca, ni el hecho de que resulte casi imposible saber quiénes son, a qué se dedican y cuáles son los objetivos de algunos de los personajes principales (las dos chicas, por ejemplo), hablan bien de una película cuyo propósito final es, no lo olvidemos, entretener.

Y ahí es donde la ralentización del tiempo hace su particular agosto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2008