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Educación apura su último cartucho para aprobar la reforma este mes

El Gobierno no llegará a tiempo a la Cámara si no le da luz verde en octubre

El tiempo corre en contra del Departamento de Educación y de su objetivo de sacar adelante la reforma del actual sistema de tres modelos lingüísticos (euskera, castellano y bilingüe) esta legislatura. Prácticamente, está obligado a aprobar el proyecto de ley este mes de octubre, en una de las reuniones que el Consejo de Gobierno celebra los martes. De lo contrario, los plazos en el Parlamento se le echan encima y abocan a Educación a quedarse con la reforma en la mano por la falta de tiempo y de apoyos políticos.

El Parlamento será disuelto de forma previsible entre el 4 y el 11 de enero

El consejero Tontxu Campos (EA) apura su último cartucho reelaborando el texto inicial y dando cabida a algunas aportaciones, especialmente las procedentes del PNV y EB, sus socios en el Ejecutivo. Si no logra convencerles con este guiño durante este mes, el proyecto podría quedarse en el cajón, ya que no hay tiempo material para seguir negociando antes de que la Cámara eche el cierre de la legislatura en diciembre.

Con la previsión de que el Parlamento se disuelva entre el 4 y el 11 de enero por la convocatoria de las elecciones autonómicas en el primer o segundo fin de semana de marzo, sólo quedan tres meses hábiles desde este momento. Con la complicación añadida de que a finales de octubre, previsiblemente, entrará el proyecto de presupuestos y el trabajo de los parlamentarios se volcará en las cuentas durante el mes de noviembre y parte de diciembre. "Pero si hay voluntad política y existe una mayoría suficiente, el proyecto de ley de la reforma puede salir, al menos en cuanto a los plazos parlamentarios", precisan los servicios jurídicos de la Cámara de Vitoria.

La necesidad de aprobar el proyecto este mes se deriva de los trámites que después hay que seguir en el Parlamento. Una vez que el texto recibe la luz verde por parte del Consejo de Gobierno, éste lo remite al Legislativo, que lo califica una semana después, en la reunión de la Mesa. A partir de ahí, se abre un plazo de 15 días para la presentación de las enmiendas parciales y de totalidad, que se puede ampliar si algún partido lo solicita y lo argumenta con razones fundadas. También cabe la posibilidad de que el Gobierno solicite que el trámite se haga mediante la vía de urgencia, lo que acorta a la mitad todos los plazos. Conceder esta urgencia depende de la Mesa, en la que en estos momentos tienen un representante PNV, EA, PP y PSE. Kontxi Bilbao (EB) ha tenido que dejar su puesto como secretaria segunda por la sentencia de inhabilitación que le impuso el Supremo. El puesto se encuentra vacante, pero en el pleno de mañana se designará a su sustituto, otro parlamentario de EB, con lo que la correlación de fuerzas se mantiene: de los cinco miembros de la Mesa, tres corresponden al tripartito.

Una vez superado el plazo de enmiendas, la presidenta de la comisión de Educación, Onintza Lasa (EA), debe fijar el debate de las enmiendas a la totalidad, y si se rechazan se abre la negociación de las parciales en ponencia. En este trámite los plazos son elásticos, no hay nada preestablecido. Finalmente, el informe de la ponencia vuelve a la comisión y el dictamen de ésta se somete a debate en pleno, incluyendo las enmiendas totales que no se hayan retirado y las que queden al articulado.

Pero, todo eso pasa porque Tontxu Campos y EA venzan primero las resistencias de PNV y EB a la reforma, y el Gobierno apruebe el proyecto de ley.

EB pide flexibilidad al exigir el nivel de euskera

Ezker Batua (EB) comparte algunos de los principios básicos del borrador de la reforma, pero no está dispuesta a dar el sí en estos momentos. Necesita que se introduzcan algunos cambios. Y el apoyo de EB es fundamental. Además de socio en el Ejecutivo junto a PNV y EA, cuenta con tres escaños en el Parlamento.

El PNV ya ha mostrado sus reticencias al texto e incluso aboga por realizar una experiecia piloto durante varios años antes de generalizar la reforma. EB hizo públicos ayer sus reparos, después de que su asamblea aprobara el pasado lunes una resolución sobre el planteamiento del proyecto. A modo de preámbulo, lamenta que el texto se encuentre "salpicado de concepciones y referencias que responden al imaginario identitario nacionalista", hecho que "dificulta el acuerdo", advierte. EB se muestra conforme con algunos de los principios básicos del borrador, como la necesidad de superar el actual sistema porque no logra unos niveles adecuados de euskaldunización. Pero, aboga por aplicar la flexibilidad y el principio de progresividad, lo que significa, que no se puede exigir el mismo nivel de euskera a todos los centros, independientemente de donde se ubican. El responsable de la secretaría de Educación y Política Lingüística de EB, Gonzalo Larruzea, recalcó que "ni siquiera el modelo B consigue el nivel que han establecido de euskera, el B2

[similar al First de inglés]". En esta línea, abogó por plazos de aplicación realistas. "Pensar que en diez años el alumnado podrá superar el nivel exigido nos parece poco realista".

Además, EB indica que no se puede meter en el mismo saco a todas las enseñanzas y aplicarles los mismos parámetros. "La reforma debe agrupar a la etapa Infantil y la obligatoria

. Hay otros ámbitos, como la educación permanente de adultos o la FP, que requieren de un tratamiento específico".

Larruzea insistió en la idea de que hay que seguir negociando entre los partidos, aunque admitió las dificultades para alcanzar un acuerdo antes de que concluya esta legislatura. "La situación no es la más adecuada, pero es un asunto que exige estabilidad y debe estar más allá de coyunturas políticas". El Departamento de Educación valoró la respuesta de Ezker Batua y destacó "los importantes" apartados en los que hay coincidencia. Sobre las diferencias, apuntó que están sobre la mesa de negociación para intentar zanjarlas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de octubre de 2008

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