El conflicto del Cáucaso

EE UU concede 700 millones a Georgia

Cheney viaja a Tbilisi y a Kiev para mostrar su apoyo frente al desafío de Rusia - El Kremlin afirma que la Casa Blanca promueve la inestabilidad de la zona

Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos atraviesan su momento más tenso desde el fin de la guerra fría, y la gira iniciada ayer por el vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, para apoyar a Georgia y otros dos países ex soviéticos volvió a provocar el malestar del Kremlin.

El apoyo de Washington a Tbilisi se concretará en un paquete de ayudas económicas por 1.000 millones de dólares (unos 700 millones de euros) para la reconstrucción del país tras la breve guerra que le enfrentó con Rusia el mes pasado.

Los georgianos quieren reconstruir las infraestructuras y reforzar el Ejército
Moscú cierra la Embajada en Tbilisi y deja de dar visados

Más información

La ayuda está destinada principalmente a restablecer las infraestructuras y reconstruir las casas destruidas o dañadas durante los bombardeos y las acciones de los militares rusos. Unos 570 millones de dólares se desembolsarán este año y el resto, en ejercicios siguientes, informa Reuters. El dinero no está destinado a fines militares, un tema sensible para Moscú, que ha acusado a Washington de llevar armas a Georgia camufladas en ayuda humanitaria. El Fondo Monetario Internacional destinará otros 750 millones de dólares en ayuda. Los dirigentes georgianos estudian reforzar el Ejército con sistemas de defensa aérea, cohetes antiblindados y aparatos de visión nocturna, según The New York Times.

La llegada ahora del número dos de la Casa Blanca al patio trasero ruso ha molestado a Moscú. "Habrá que esperar a que el señor Cheney llegue [hoy] a Georgia para ver cómo afronta la situación, pero todos estos llamamientos [por parte de Estados Unidos] sobre la necesidad de reconstruir la capacidad militar georgiana no contribuyen de ninguna manera a la estabilización de la situación en la región", manifestó un portavoz del Ministerio de Exteriores ruso. Según la prensa rusa, el objetivo estadounidense es "unir a los aliados de Washington y plantar cara a Moscú".

Para Estados Unidos, la visita de Cheney a Azerbaiyán, Georgia y Ucrania supone dar su apoyo político a estos países y garantizar la seguridad de la zona, clave para el desarrollo de un gasoducto (el Nabucco), que debe llevar gas a Europa desde el mar Caspio sin pasar por Rusia. "El presidente [George W.] Bush me ha enviado aquí con un mensaje simple y claro para los ciudadanos de Azerbaiyán y la región entera: Estados Unidos tiene intereses permanentes y profundos en vuestro bienestar y vuestra seguridad", afirmó Cheney en Bakú, donde hizo su primera parada. Azerbaiyán tiene una gran importancia estratégica, dado que posee grandes reservas de hidrocarburos.

Los problemas de seguridad, tras el reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de Abjazia y Osetia del Sur -las dos regiones georgianas cuyas ambiciones separatistas provocaron la guerra de agosto- amenazan con poner en peligro el gasoducto Nabucco, patrocinado por la UE frente a otro impulsado por Moscú (véase gráfico) y que cuesta 7.900 millones de euros. Cheney se reunió con los representantes de las petroleras BP y Chevron en Bakú y con el presidente azerbaiyano, Ilham Alíyev. Durante la reciente guerra, un oleoducto y un gasoducto que pasan por Georgia dejaron de funcionar ante el peligro de que sufrieran ataques.

Hoy Cheney debe llegar a Tbilisi, donde es esperado con ansiedad por el presidente, Mijaíl Saakashvili. Georgia es el principal aliado de Estados Unidos en el Cáucaso y siempre subraya su vocación democrática y occidentalista. Saakashvili ha pedido el ingreso urgente de su país en la OTAN después de la derrota sufrida en Osetia del Sur. En su afán por recuperar esa región, Tbilisi lanzó un ataque contra Tsjinvali el pasado 8 de agosto, lo que motivó la intervención de Rusia, que acudió en ayuda de los surosetios.

Mañana el vicepresidente estadounidense visitará Ucrania, que vive una seria crisis política. Los recientes acontecimientos en el Cáucaso han asustado a la élite política ucrania, temores que se han visto redoblados por las declaraciones de algunos políticos occidentales que piensan que ese país puede ser el próximo blanco del Kremlin, concretamente la península de Crimea en su totalidad o sólo el puerto de Sebastopol, sede de la flota rusa del mar Negro.

Las autoridades ucranias también han declarado su aspiración a ingresar en la OTAN, aunque gran parte de la población está en contra de esa idea. Prácticamente la mitad del país es rusohablante, y en esas regiones industriales ven a Rusia como su aliado natural y no desean enemistarse con ella pasando a ser miembros de la Alianza. Cheney, por lo visto, presionará a Kiev para que no cambie de planes y no se eche atrás por miedo a Moscú, y tratará de covencer a la primera ministra, Yulia Timoshenko, para que deje de coquetear con el Kremlin.

Nikolái Pátrushev, secretario del Consejo Nacional de Seguridad de Rusia, declaró ayer que Washington desea tener "regímenes leales" en el Cáucaso y Asia Central con el fin de obtener acceso a las grandes reservas de hidrocarburos de esas regiones. Estados Unidos necesita esos regímenes leales no sólo en los países ricos en gas y petróleo, sino también en aquellos por donde es transportado, en particular en Georgia, y de allí el respaldo que dio a la "llegada antidemocrática al poder" de Saakashvili.

El Kremlin anunció ayer que ha interrumpido la entrega de visados a ciudadanos georgianos, pero que están elaborando medidas para que "los intereses de la gente que planea viajes tanto a Rusia, como de ésta a Georgia, sufran lo menos posible". A partir de ayer, la Embajada de Rusia en Tbilisi dejó de funcionar. La misión se ha cerrado debido a la ruptura de relaciones diplomáticas por parte de Georgia, que también ha echado el cierre a su Embajada en Moscú.

En su residencia de verano en Sochi, a orillas del mar Negro, el presidente ruso, Dmitri Medvédev, recibió al líder del Transdniéster, Ígor Smirnov, en un esfuerzo para tratar de reanudar las negociaciones entre esa región separatista y Moldavia. El Transdniéster es otro de los conflictos congelados que todavía existen en el espacio de la antigua Unión Soviética.

Smirnov había suspendido las conversaciones con Moldavia y había puesto una serie de condiciones para reanudarlas, entre las que destacaban la salida de Chisinau de la organización que une a Georgia, Ucrania y Azerbaiyán y la introducción del ruso como segunda lengua estatal.

Pero después de su encuentro con Medvédev, Smirnov levantó incondicionalmente la moratoria a las negociaciones con Moldavia. Esto indica que Rusia desea demostrar al mundo que, allí donde las partes no usan la fuerza para aplastar a sus minorías étnicas, ella no sólo no apoya al separatismo, sino que trabaja por la reunificación.

Una mujer georgiana pasa cerca de un busto de Lenin en un ministerio de la era soviética en Tbilisi donde se refugió tras el ataque ruso a su aldea.
Una mujer georgiana pasa cerca de un busto de Lenin en un ministerio de la era soviética en Tbilisi donde se refugió tras el ataque ruso a su aldea.AFP

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 03 de septiembre de 2008.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50