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El conflicto del Cáucaso

El escudo eleva la tensión con Rusia

La crisis de Georgia acelera el despliegue del sistema antimisiles de EE UU en Polonia - El Kremlin advierte que habrá una respuesta y no sólo será diplomática

Cuando las relaciones entre Rusia y Occidente están en sus horas más bajas por la crisis en el Cáucaso, Estados Unidos y Polonia sellaron ayer un polémico acuerdo que eleva aún más la tensión en el este de Europa. Tras 18 meses de negociaciones, el Gobierno polaco ha aceptado la instalación en su territorio de una parte del sistema de defensa antimisiles estadounidense con el objetivo de repeler un eventual ataque de Irán. La iniciativa enfureció al Kremlin.

La reacción de Rusia, que considera el escudo una amenaza para su seguridad, fue muy dura. "Tendremos que reaccionar, y no sólo mediante protestas diplomáticas", afirmó el Ministerio de Exteriores en un comunicado, sin concretar qué tipo de represalias podría tomar. Poco antes, la Casa Blanca insistía en que el escudo no va dirigido contra Moscú. "Se establecerán 10 misiles interceptores en Polonia, lo que nos ayudará a hacer frente a las nuevas amenazas del siglo XXI, de misiles de largo alcance (...) procedentes de países como Irán o Corea del Norte", manifestó la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, tras firmar el acuerdo en Varsovia.

Tras el conflicto en el Cáucaso, la mitad de los polacos teme un ataque ruso

A cambio, Washington situará en Polonia una batería de misiles Patriot para reforzar las defensas aéreas polacas. El Kremlin también recela de esta medida, porque considera que está destinada a hacer frente a misiles balísticos de corto alcance como los SS-21 rusos, y no a responder a un ataque iraní.

El acuerdo con Polonia se añade al ya alcanzado el 8 de julio por EE UU con la República Checa para instalar en su suelo una base de radar, cuya misión es detectar misiles enemigos para que sean destruidos por los interceptores polacos. El sistema, que ha recibido el apoyo de los países de la OTAN, se estrenará en abril de 2012. Estados Unidos ya ha desplegado otros elementos del escudo en Groenlandia y el Reino Unido.

Tanto el Parlamento polaco como el checo tienen que aprobar el acuerdo, pero todo indica que será un mero trámite. La entrada de los tanques rusos en Georgia el 8 de agosto despertó viejos fantasmas del pasado en los dos países ex comunistas y cerca del 63% de los polacos apoya ahora el escudo, según una encuesta publicada ayer por Gazeta Wyborcza. Hace un año, un 55% se oponía.

Los analistas consideran que, si bien el escudo no va dirigido en teoría contra Rusia, la crisis del Cáucaso ha acelerado las negociaciones para instalarlo en Polonia. "El conflicto georgiano ha ejercido mucha presión para que se alcanzara un acuerdo, y tanto Estados Unidos como Polonia han cedido un poco", explica en una entrevista telefónica Jacek Kucharczyk, subdirector del Instituto de Asuntos Públicos, un think tank con sede en Varsovia. "Cuando los rusos cruzaron la frontera georgiana, convirtieron en posible lo que hasta hace dos semanas era impensable", añade. Un sondeo de la revista Wprost muestra que uno de cada dos polacos teme un ataque ruso. El acuerdo firmado ayer por Polonia y Estados Unidos incluye un compromiso explícito de ayuda mutua en caso de una amenaza militar.

Para el Kremlin, el escudo es una auténtica provocación. Algunos políticos y generales rusos han advertido a Polonia que puede ser objetivo de ataques preventivos en el lugar donde se instalará el escudo, en la ex base militar de Redzikowo, en el norte del país, a unos 300 kilómetros del enclave ruso de Kaliningrado y a unos 1.360 kilómetros de Moscú. Para Washington, esta amenaza es simple retórica sin contenido.

"No creo que el escudo sea una provocación, sino una advertencia: Estados Unidos quiere enviar a Rusia la señal de que está preparado para todo", afirma por teléfono Alexander Rahr, del Consejo Alemán de Relaciones Internacionales. "Rusia ve cómo va siendo aislada y se siente amenazada; es un momento peligroso y no creo que vaya a ceder", añade.

Moscú ha advertido que está dispuesto a desplegar misiles en Kaliningrado. Ayer, el presidente sirio, Bachar el Asad, inició una visita a Rusia con una agenda que incluye posibles operaciones de compraventa de armas. Los expertos creen posible que la represalia rusa se materialice a través de cortes en el suministro de gas y petróleo para Polonia y la República Checa. En el peor escenario, los analistas prevén una mayor militarización de Kaliningrado y un incremento de las tropas rusas en Bielorrusia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de agosto de 2008