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Día de Galicia

'Souvenir' nacionalista

La policía registró la entrada de 150.000 personas en Santiago

Era festivo en Canarias, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Madrid y Navarra pero sobre todo, ayer, había andaluces. Andaluces encantados con la "fiesta" del nacionalismo gallego, que no paraban de fotografiar, grabar y enviar por móvil a sus familias estampas con estreleira, para que supiesen lo que estaban presenciando. Y extranjeros que sospechaban que la aglomeración de banderas era para reivindicar algo. Costó explicarles a unos ingleses que los jóvenes que quemaban esa tela rojigualda que sale en Eurovisión pedían la independencia. Y unos ciclistas daneses, despistados por alguna insignia con hoz y martillo, no se apeaban de la idea de que los de la Quintana eran "comunistas".

Los turistas tomaron como una atracción más las manifestaciones, y sólo alguno, como Fermín Cazorla, gaditano, se encendía todo, sentado en el pretil de la fuente de Platerías, mientras seguía lo de la Quintana por una pantalla gigante. "¡Qué manera de estropear la fiesta, por Dios! Si pusiéramos una bomba ahí mismo acabábamos de una vez con estos batasunos". Cerca, una pareja viguesa lamentaba la deriva que ha tomado la manifestación "desde que está ese camillero de Quintana que se sienta a la mesa de ZP". "Yo vengo desde joven", decía el hombre, un ex trabajador de Álvarez, "y ahora prefiero meterme en la misa, porque me da pena ver a Camilo Nogueira en una esquina, y a Beiras ahí de florero, que sólo lo sacan de casa si les conviene".

En la madrugada del 25, hubo 25 emergencias, con cuatro accidentes, tres peleas, tres actos vandálicos y varios comas etílicos. Los bancos apostaron un vigilante a la puerta, así que fueron otros negocios los que amanecieron con las lunas rotas. La noche de los fuegos, la policía contó la entrada en Santiago de 150.000 personas y, ya por la mañana, siguieron llegando, sobre todo, gallegos. Según la Policía Local, la población, en una ciudad de 92.919 almas, estuvo "próxima a triplicarse". Y quienes no durmieron de hotel, lo hicieron en la calle: hubo pandillas que extendieron sus sacos bajo los soportales do Vilar y la rúa Nova para dormir hasta la tarde.

El albergue de San Marcos se llenó. Los peregrinos pueden quedarse allí dos días, así que muchos programaron el Camino para llegar el jueves y quedarse en Santiago hasta hoy. El 24 se entregaron 1.309 Compostelas. En el depósito de mochilas del Obradoiro, ya no cabía ni una más. Y los perros rastreaban entre las bolsas buscando una bomba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de julio de 2008