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Análisis:

La eterna adolescencia

El matemático y escritor británico Ian Stewart afirma que "una inversión de mil millones de dólares en matemáticas transformaría la existencia de la humanidad de manera mucho más sustancial que la misma suma gastada en unos pocos accesorios y piezas para un nuevo acelerador de partículas o en el enésimo ejercicio para lograr una enorme colección de sellos biológicos".

España apenas dedica a la investigación un 1,2% de su producto interior bruto (PIB), y es probable que la crisis económica retrase los planes del Gobierno para estimular la inversión. Pero las matemáticas, como señala Stewart, no necesitan una financiación muy abultada, y el caso de Santiago Morales ilustra muy bien que no todas las dolencias de la investigación española son adjudicables a la falta de dinero para los proyectos. Hay, además, una carrera científica y un entorno.

Por muy acostumbrados que estemos al espectáculo, no deja de ser chocante que los científicos se pasen media vida empalmando becas y contratos precarios, carentes de la posición económica y de la estabilidad necesarias para hacer planes de futuro o establecer una familia, y soñando con opositar a una plaza fija cuando la composición del tribunal sea propicia. La ciencia exige entrega y pasión, y los investigadores son gente muy vocacional, pero no se puede pedir a nadie que detenga su reloj en la adolescencia hasta cumplir los 35 años, ni que deje en suspenso su vida personal por una vocación profesional.

Es obvio que hacen falta más plazas de científicos, porque el sistema español no está ahora mismo en condiciones de recuperar con dignidad a sus propios cerebros, no hablemos ya de atraer al talento extranjero. Pero también se precisan formas de contratación más dinámicas que las oposiciones a cátedra, y una carrera científica que esté a la altura de las aspiraciones de los jóvenes investigadores. Los profesores de ciencias llevan años quejándose de la "crisis de vocaciones", y así seguirán mientras los estudiantes brillantes encuentren más atractivo estudiar Empresariales que encerrarse en un convento académico.

Por lo demás, no es un buen momento para ahuyentar a los matemáticos del sistema, sino para todo lo contrario. La física siempre se ha apoyado con fuerza en las matemáticas, y la nueva biología las necesita cada vez más. Lo que falta no es talento, sino agudeza política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de julio de 2008