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Reportaje:Econonía global

La economía de Marruecos sortea la crisis

El reino alauí crece por encima del 5% y logra reducir su tasa de pobreza

Josep Piqué resaltaba a principios de mes que a Mixta África, una inmobiliaria con sede en Barcelona, no le afecta la crisis del sector. La empresa que preside el ex ministro centra su actividad en países africanos, sobre todo en Marruecos, en el área de Tánger y Tetuán, y allí, a diferencia de España, la construcción no pasa por una mala racha.

A la apuesta española, francesa y de algunos países del golfo Pérsico por el sector inmobiliario en Marruecos -para construir viviendas o complejos hoteleros- se acaba de añadir nada menos que el gigante ruso Gazprom. El pasado fin de semana anunció que, a través de su filial Kudla Group, invertirá mil millones de euros en tres proyectos turísticos en el norte de país. "Vamos a trabajar aquí porque España está saturada", explicó Mohamed Ghalat, responsable comercial del proyecto.

El paro urbano, que originó numerosas explosiones sociales, es inferior al 10%

Marruecos es el único vecino de España no productor de hidrocarburos al que, por ahora, no golpea la crisis. En 2007 el crecimiento de su PIB fue del 5,2%, y la última previsión del Gobierno para este año, dada a conocer el miércoles, lo sitúa en el 5,3%. La elevada demanda interior y el dinamismo del sector secundario permiten alcanzar este ritmo. El primer ministro, Abbas el Fassi, vaticinó incluso que, de aquí a 2012, la media del crecimiento sería del 6,5%, un porcentaje nunca logrado por Marruecos y menos durante tantos años seguidos.

Estos datos llaman ahora la atención, en una coyuntura mundial desfavorable, pero se inscriben en una tendencia que arranca a principios de esta década. "En vísperas de su entrada en la zona de libre cambio con Europa (...) Marruecos experimenta, globalmente, una dinámica de crecimiento y desarrollo humano", reza un informe del Alto Comisariado para el Plan (HCP, según sus siglas en francés), una especie de think thank oficial marroquí.

El HCP elaboró el año pasado un megaestudio, con una muestra de 7.200 hogares y 36.000 personas, para tratar de obtener una fotografía de la economía marroquí, cuyos resultados acaba de airear durante una conferencia en París. No en balde Francia sigue siendo, por delante de España, el principal socio comercial de Marruecos.

La tesis que emana de esa encuesta es que Marruecos no se merece ya ese puesto rezagado -126, sobre un total de 177 países- que le atribuye el Programa de Naciones para el Desarrollo Humano de la ONU porque se ha convertido en un país emergente en el que la pobreza y la vulnerabilidad de su población se reducen a marchas forzadas.

Desde 2004 el crecimiento medio ha sido del 4,6% gracias, ante todo, al auge del PIB no agrícola. Éste fue del 6,6% en 2007 y en las telecomunicaciones alcanzó el récord del 15%. El peso de los servicios en la economía supone ya el 52,3% y el de la construcción el 6,1%, mientras que la agricultura ha caído hasta el 20%. La inflación sigue estando controlada.

En consecuencia, el paro ha disminuido hasta un 9,6%, sobre una población activa de 11 millones, cuando hace tan sólo una década se situaba aún en el 13,8%. "Y en Marruecos el paro es mortal", recordaba hace unos días el ex primer ministro Abdellatif Filali, aludiendo a las grandes revueltas sociales que ha provocado. El poder adquisitivo aumentó un 2,3% de media durante ese periodo.

Más llamativo aún, el porcentaje de la población que vive en la pobreza absoluta ha caído desde el 16,2% de 1998, el último año del reinado de Hassan II, al 14,2% en 2004 y al 9% el año pasado (2,8 millones de personas).

Paralelamente, el 83,7% de la población dispone ya de luz eléctrica en sus hogares -el porcentaje cae al 64,8% en el mundo rural-; el 72% de agua potable. En viviendas insalubres, es decir en las chabolas, sólo se alojan el 6,5% de los marroquíes.

Entre la avalancha de cifras oficiales halagüeñas "se esconden algunas menos satisfactorias", recalca Fahd Iraqi, experto económico del semanario Tel Quel de Casablanca. La primera es que la distribución de la riqueza deja mucho que desear. El 20% de los hogares acumulan nada menos que el 48% de la riqueza.

En la mejora del nivel de vida de los marroquíes, las cuantiosas remesas que mandan sus emigrantes en Europa -la principal fuente de divisas junto con el turismo- han podido además jugar un papel que el HCP no analiza. Cada emigrante ayuda a mantener o a redondear los ingresos de siete miembros de su familia que permanecen en el país.

Por último, la inversión extranjera -2.903 millones de euros en 2007- sigue siendo escasa, pese a ser la más alta de todo el Magreb. La estrechez del mercado -la frontera con Argelia sigue cerrada- y la falta de garantías jurídicas, achacables al mal funcionamiento de la justicia, desaniman a muchas empresas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de julio de 2008