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Obama y Clinton negocian un final amistoso para un duelo histórico

Los dos senadores se reúnen en secreto en Washington para hablar del futuro

Después de los que sin duda han sido los días más excitantes y felices de su vida, Barack Obama ha decidido tomarse el fin de semana libre para llevar a su mujer, Michelle, a cenar y salir a montar en bicicleta con sus dos hijas. Antes, intentó dejar en orden la casa demócrata con una reunión secreta con Hillary Clinton en Washington destinada a poner fin en los términos más amigables a lo que ha sido uno de los grandes duelos políticos de la historia.

No ha trascendido si lo consiguió o no. La reunión, mantenida en la noche del jueves, se llevó con gran discreción y sigue siendo tratada informativamente con mucho cuidado por los representantes de ambos candidatos. "La senadora Clinton y el senador Obama se han encontrado esta noche y han tenido una discusión productiva sobre el importante trabajo que hay que hacer para triunfar en noviembre", afirma, lacónicamente, el comunicado conjunto sobre la reunión.

Un portavoz de Clinton comentó a algunos medios norteamericanos, a condición de no ser identificado, que la reunión se concertó de repente, tras una llamada de Obama, que estuvo durante todo el día haciendo campaña en el vecino Estado de Virginia.

El lugar escogido para el encuentro fue la casa de la senadora de California Dianne Feinstein, una buena amiga de Clinton. Ese detalle es en sí mismo una muestra de generosidad de parte de Obama, quien, siendo ya el candidato oficialmente ganador, podría haber forzado a Clinton a encontrarse en su base de Chicago.

Obama está haciendo varios esfuerzos para permitir a Clinton una retirada digna. Uno de ellos es, precisamente, el de apartarse de los focos durante un fin de semana y dejar todo el escenario para Clinton, que hoy se despide de su público y de esta carrera en un acto que pretende ser de masas en el centro monumental de Washington.

Otro de los gestos de Obama hacia Clinton es el de reconocerle, formalmente, sus magníficas condiciones para ser vicepresidenta. "Estaría en la lista final de cualquiera", repitió el jueves el candidato demócrata. Clinton ha correspondido a esos halagos disminuyendo un poco su empujón para ser parte del ticket. "Ésa es una decisión que le corresponde tomar a Obama y sólo a Obama", dijo Phil Singer, portavoz de la ex primera dama.

Por debajo de la galantería, Obama y Clinton tienen, sin embargo, una difícil negociación entre manos. No sólo en cuanto a la vicepresidencia, que es lo más difícil, sino en muchos otros aspectos que tienen que ver con el futuro de Clinton.

Uno de esos aspectos, quizá el más prosaico pero no el más trivial, es el de las finanzas. Clinton ha acumulado deudas millonarias en esta campaña, quizá hasta 20 millones de dólares, de los que siete, al menos, son de su propio bolsillo. La candidata intenta que ahora esas deudas sean cubiertas por los fondos de la campaña de Obama, que sigue demostrando una enorme capacidad de recaudación, tres veces más que el candidato republicano, John McCain.

Además del dinero, Clinton intenta saber cuál será su papel en la eventualidad de una Administración Obama. Podría conformarse con volver al Senado y labrarse allí una carrera de prestigio e influencia, como otras tantas figuras de la política norteamericana. Pero ése no va a ser un papel fácil para una persona tan controvertida y protagonista como Hillary Clinton.

Los rumores, que en esta ciudad merecen un respeto, colocan a Clinton, de no salir la vicepresidencia, en un asiento del Tribunal Supremo. Ése es un cargo con la categoría más que suficiente para poner fin a una vida política y a una distancia prudente de la Casa Blanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de junio de 2008