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Reportaje:75 años de la Feria del Libro de Madrid

La poeta favorita de Ava Gardner

Pilar Paz Pasamar vuelve a Madrid para presentar su nuevo libro, 'Los niños interiores', medio siglo después de que Juan Ramón Jiménez la tildara de "genial"

Una poeta como Dios manda debe tener la intuición afilada. Por eso, a Pilar Paz Pasamar de poco la sirvió que Ava Gardner acudiera a la presentación de su primer libro en Madrid de la mano de Mario Cabré. Se titulaba Mara y aquel puñado de versos deslumbró también a Juan Ramón Jiménez. En una entrevista, el pope de la poesía española le confesó a Ricardo Gullón que se trataba de "una niña genial". Corrían los años cincuenta y aquella chica de Jerez de la Frontera era la dulce promesa de la lírica. Pero fue la intuición, dice ella, quien la apartó de todo aquel ruido. Por eso se fue. Desapareció y volvió a Andalucía: "Algo me decía que allí iba a ser feliz", comenta.

Ayer regresó. Con la misión del hallazgo de sus días dichosos más o menos cumplida, con cuatro hijos, cinco nietos y un nuevo libro debajo del brazo. Se trata de otro poemario que mira a aquella dorada juventud y busca dentro respuestas a preguntas hondas. Se titula Los niños interiores (Calambur) y sus versos atestiguan la madurez y la calidad elevada que intuyeron en su día Juan Ramón, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego o sus compañeros de la ahora conocida como generación del 50.

Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre eran sus seguidores

Ha estado tan cerca de los poetas místicos como de las vanguardias

"Yo fui muy precoz y ellos eran muy golfos. De todas formas, me convertí en la niña que querían proteger. Cuando llegaba la noche y se perdían por las tabernas, a mí me mandaban a casa, con mis padres", recuerda Pilar. No querían por nada del mundo José Caballero Bonald o Fernando Quiñones, sus amigos del alma, que se distrajera. "Lo malo es que también se gastaron en parrandas un dinero que nos envió Juan Ramón desde Puerto Rico para ayudarnos".

Pero nunca se lo tendrá en cuenta. La amistad es sagrada para ella. Como la poesía. O como Dios... Uno de los temas a los que ha dado vueltas y vueltas probando que aquel deslumbramiento de nueva poesía mística intuido en ella por el autor de Platero y yo era cabal. "Para mí es una búsqueda, lo que va más allá del conocimiento, de la trascendencia, incluso". ¿No es dogma entonces? "¡Huy, por Dios, qué va. Él es nuestra libertad, chiquillo!". Pero además de la sombra de los místicos, ha estado atenta a las vanguardias, aunque apartada, ajena a los mundillos. "A mí no me gustaba toda aquella parafernalia, no me iba". Aun así es consciente de que Ava Gardner no ha ido a la presentación de muchos autores de la época. "Vino con Mario Cabré al Ateneo porque él quería ser poeta. No recuerdo ni lo que me dijo, porque yo sólo me veo a mí, como una boba, dándole la mano y mirando a aquella diosa. No he visto una mujer más guapa en mi vida".

Tanto como las estrellas de cine, a Pilar le impresionaban los poetas en carne y verso. Aunque a Juan Ramón nunca le vio, se intercambiaron cartas. "Siete u ocho. Fueron un gran aliento para mí. Imagínate, una jovencita perdida, sin saber si lo que escribía merecía la pena...". A Vicente Aleixandre también quiso conocerle. Nunca olvidará su estampa en Velintonia, aquella casa que fue el refugio de todos los exilios interiores y que tanto está costando salvar de las especulaciones. "Recibía en un sofá, con una mantita sobre las rodillas. Pero desde allí sentado lo dominaba todo: la poesía que se hacía dentro y la del exilio".

Hoy, suele escuchar a todos los jóvenes que la buscan como a una reliquia. Le gusta la poesía que se hace hoy y no le preocupa el futuro. "Como en todos los finales y principios de siglo, parece que se avecina una catástrofe. Pero el mundo no se acaba", dice. Aunque nadie va a poder evitar ciertas transformaciones. "Las nuevas generaciones no serán ajenas a lo que llegue de Internet, los jóvenes poetas de hoy han viajado más, hablan más idiomas y eso se verá reflejado para bien en su poesía. Lo que no deben olvidar es que en sus versos prenda la emoción, el sentimiento, ese pellizco que debe surgir como en el cante".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008