Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
75 años de la Feria del Libro de Madrid

El viejo cronista Carlos Monsiváis saluda a las nuevas generaciones

El escritor explica el auge del periodismo literario en América Latina

Carlos Monsiváis (México, 1938) siempre la ha preferido. Incluso el viejo maestro ha reformado la crónica a su antojo hasta el punto de que muchos han etiquetado sus famosos artículos sobre la cultura popular mexicana o de grandes personalidades como croni-ensayos. Pero ayer en Madrid, tras sus gruesos anteojos, más bien celebraba el renacer del viejo oficio de cronistas en las indias que una vez asombraron a Hernán Cortés, Fray Bartolomé de las Casas y Bernal Díaz del Castillo.

"Sólo hasta ahora se está consolidando en América un género que mezcla la crónica con el thriller, como una necesidad de impulsar la secularización", afirma.

Hace un mes, la Fundación de García Márquez los bautizó en Bogotá como "Nuevos cronistas de Indias". Son mucho más que un puñado de jóvenes y otros no tanto, en su mayoría con una relación de amor-odio con la literatura.

Estos nuevos o nativos cronistas de indias se apartan de la tiranía de la actualidad, no para contarla sino para recrearla, valiéndose de las herramientas de la ficción. En palabras del argentino Martín Caparrós, uno de los veteranos del grupo "mientras la información pretende saciar la curiosidad del lector y así tranquilizarle, la crónica intenta despertar su interés e inquietarlo".

En menos de 15 años han surgido tres revistas de crónicas y reportajes, casi de carácter continental en América Latina: Gatopardo, El Malpensante y Etiqueta Negra, que privilegian las crónicas de largo aliento. A las que se dedica la argentina Leila Guerriero, que reclama tiempo, buena paga y sobre todo espacio para este trabajo de historiador/cuenta-cuentos contemporáneo. Guerriero no sólo aparece en las revistas con historias de seis páginas. En España se vende su crónica Los suicidas del fin del mundo, que edita Tusquets en su colección Andanzas crónicas, dedicada al género. Una historia parida a partir de una nota en el periódico local, sobre una campaña para frenar la violencia y los suicidios en una población de la Patagonia.

Desde un sillón en la Casa de América y a punto de comenzar su conferencia, Monsiváis opina que "se está apostando por la crónica porque existe la necesidad de crear un corredor de espejos donde la sociedad o las sociedades se vean con más precisión".

En Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (Norma), de Cristian Alarcón, el autor se acerca a las pandillas de Buenos Aires. En 2007 apareció La Argentina crónica, una antología cuyos autores promedian los treinta y cinco años. Aparecen, entre otros, Alarcón, Daniel Riera, Julián Gorodischer, Josefina Licitra, Esteban Schmidt, y Leila Guerriero. También el año pasado, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano editó Lo mejor del periodismo en América Latina, que distribuye en España el Fondo de Cultura Económico. En esta antología se incluyen los textos de los ganadores del premio que entrega esta institución. Planeta edita en Perú a Daniel Titinguer y Sergio Vilela y en Argentina a Juan Pablo Meneses, que incorporó la herramienta del blog a La vida de una vaca. Y desde Venezuela Sergio Dhabar coordina el sello Debate. Sobre la temática siempre relacionada con el narcotráfico y la violencia Monsiváis aclara que "no es la violencia el tema, sino la impunidad, que es una manera de declarar que la desigualdad es para siempre. La crónica puede ser un género de la solidaridad -a veces desde la impotencia- que le permite a los lectores enterarse de lo que está pasando sin caer en la desesperanza".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de junio de 2008