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Crítica:ÓPERA

Espejo, espejito

La recuperación de la música -y en particular, de las óperas- de Alexander von Zemlinsky es un fenómeno imparable en las últimas décadas. El compositor vienés (1871-1942) gozaba de la confianza absoluta de Schönberg o Alban Berg, aunque se mantuvo fiel a una tonalidad tardía siendo como un eslabón entre la herencia posromántica de Brahms o Mahler, por una parte, y las innovaciones lingüísticas de la segunda Escuela de Viena por otra. Las óperas de Zemlinsky están suponiendo un acontecimiento allí donde se programan. El teatro de la Maestranza de Sevilla ha tomado la iniciativa de estrenar en España El enano, y ha montado un programa doble con su ópera inmediatamente anterior: Una tragedia florentina. Las dos se basan en relatos de Oscar Wilde y suponen variaciones sobre temas tan eternos como son los de la identidad y la compasión.

ALEXANDER ZEMLINSKY

El enano y Una tragedia florentina. Dirección musical: Pedro Halffter. Director de escena: Udo Samel. Producción de la Ópera de Francfort, 2006. Con J. Johnson, R. Künzli, K. Gumos, A. Weber, S. Mühleck, J. Freier y P. Bronder. Teatro Maestranza, Sevilla, 24 de mayo.

El enano, o El cumpleaños de la infanta, como también se la conoce, se estrenó en 1922 y transcurre en un ambiente cortesano español en cierto modo "velazqueño". Sevilla incluso es literalmente citada en el libreto. El enano es el regalo que un sultán envía a Doña Clara, infanta de España, el día de su 18º cumpleaños. No tiene conciencia de su deformación. Se enamora de la infanta, que acepta la situación como un juego. Un espejo le muestra una realidad que él se resiste a aceptar. En plena desesperación de su trágico descubrimiento muere mientras el baile continúa. Una tragedia florentina, de 1917, incide en el erotismo enfermizo de un matrimonio que redescubre su mutuo amor después de que el marido mate al amante de su mujer tras una larga conversación. Los textos son importantes en las dos óperas, pero es la música la que eleva el clima de ambigüedad, pasiones contenidas y perversidad de las relaciones. Pedro Halffter se encuentra a sus anchas en este repertorio y mueve a la Sinfónica de Sevilla con eficacia e interiorizado dramatismo. Udo Samel crea climas escénicos muy apropiados y define a los personajes con sobriedad y rigor. Lo que todavía no acierto a comprender es por qué hace que muera el mercader al final de Una tragedia florentina. No se deduce del libreto y rebaja la refinada complejidad psicológica al ámbito de melodrama verista. Los cantantes mantienen un notable nivel de homogeneidad, cumpliendo todos ellos como actores. Destaca la construcción del personaje del enano por el tenor Peter Bronder y la del comerciante Simone en Una tragedia florentina a cargo del barítono James Johnson.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2008