Columna
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Conmigo no cuenten

Lo leíamos ayer en este diario. El congreso aprobó por unanimidad el proyecto de Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta nueva ley "agrava las penas a los agresores de sexo masculino y a cualquier persona que maltrate a otra especialmente vulnerable con la que conviva (al margen del sexo de ambos)".

Pues a ver si lo he entendido. En principio queda claro que si eres una mujer te sale más barato cometer violencia de sexo. Si eres un hombre y cometes el mismo delito te sale más caro. ¿Por qué? Pues por estadística. Hay muchos más hombres maltratadores que mujeres maltratadoras. Siguiendo este principio, pues, todos los nazis deberían pagar más penas en caso de ser alemanes y todos los carteristas de La Rambla deberían pagar más en caso de ser extranjeros. Y hasta podríamos hacer que los que estafan a Hacienda pagasen más en caso de ser catalanes o judíos, porque ya se sabe que los catalanes y los judíos (como bien se refleja en los chistes) son muy dados a la usura. Y si esto les parece repugnante, espero que les parezca igual de repugnante que los hombres -por el hecho desgraciado y terrible de ser hombres- paguen más por maltratar que las mujeres. De todas formas, la última parte del enunciado de la ley no me queda claro. Si también pagan más las personas que maltraten a otra especialmente vulnerable (al margen del sexo de ambos), ¿quién es el que no paga tanto, pues? Yo creo que en las situaciones de maltrato, el maltratado es especialmente vulnerable. Una, porque el maltrato te hace vulnerable y dos, porque si la víctima no fuese vulnerable escaparía de la terrorífica situación. Un niño maltratado por su madre es especialmente vulnerable. Una anciana maltratada por su hijo, también. Y un prisionero de Guantánamo. Y una mujer maltratada por su marido. Y un hombre maltratado por su mujer. ¿O no? Es curioso. Esta última situación -la de un hombre maltratado por una mujer- provoca siempre sonrisitas. Si la víctima es un hombre tenemos tendencia a no darle importancia o a pensar que exagera. Pasa lo mismo que con la fibromialgia. Si quien expresa estos síntomas tremendos es una mujer, la comprendemos. Si es un hombre, solemos pensar que hace cuento.

En fin, con la nueva ley, los gays que maltraten a sus parejas pagarán más que las lesbianas que maltraten a las suyas a no ser que las parejas de los gays sean especialmente vulnerables. (A lo mejor el Gobierno piensa que entre los gays y las lesbianas no hay maltratadores). De manera que conmigo no cuenten. Si un día maltrato a mi novio, exijo que se me aplique la misma pena que se le aplicaría a mi novio si me maltratara a mí. Y espero que las mujeres que trabajan en el nuevo Ministerio de Igualdad exijan lo mismo.

moliner.empar@gmail.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de abril de 2008.

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