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Aviso para Europa

El G-7 advierte de los focos de inestabilidad financiera global

La crisis crediticia que emergió el pasado verano en EE UU, además de revelar una inquietante vulnerabilidad en aquel sistema financiero, ya ha provocado una intensa desaceleración en la economía mundial. La metástasis es más explícita en aquellos países en los que la actividad inmobiliaria ha constituido una de las principales tracciones y, desde luego, allí donde esa expansión de la construcción residencial se ha financiado recurriendo al ahorro del resto del mundo.

Frente a esa certeza, el alcance y las ramificaciones de la crisis financiera siguen todavía sin poderse acotar, incluidas las posibilidades de tensiones adicionales en los operadores estadounidenses. Los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-7 (los siete países más industrializados), reunidos este fin de semana en Washington, no han recurrido a eufemismos para suavizar la severidad de la situación creada por aquel sistema bancario. Sobre la base de los informes del FMI y las recomendaciones del Foro de Estabilidad Financiera, el diagnóstico del sistema bancario estadounidense, y de la calidad de su supervisión, no es precisamente el propio de la mayor economía del mundo.

Con el precedente de la conclusión del Institute of International Finance (representativo de los principales bancos privados), admitiendo su responsabilidad en una crisis que acabará pagando todo el mundo, el conjunto de la comunidad bancaria y sus prácticas están hoy en entredicho. La definición de una regulación más exigente será una de las principales consecuencias, pero sus efectos no contribuirán a neutralizar esta crisis sino, en el mejor de los casos, a evitar las futuras.

El otro reconocimiento inusual de esa reunión del G-7 es la necesidad de actuar ante la excesiva volatilidad de los tipos de cambio de las principales monedas. Es decir, ante la excesiva depreciación del dólar, tolerada hasta ahora por las autoridades estadounidenses como única vía para reducir el déficit exterior. Frente a la combinación de ambos factores de inestabilidad, la de la actividad crediticia global y la derivada de un encarecimiento del euro sin precedentes, la capacidad defensiva de Europa se ha visto muy erosionada. En ausencia de reducciones de tipos por el BCE y de actuaciones de estímulo por los Gobiernos de la eurozona, el resultado puede llegar a ser tan severo como el recesivo ya anticipado para EE UU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 13 de abril de 2008.

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