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Crítica:FERIA DE FALLAS

Lo que mal empieza mal acaba

La corrida de Fuente Ymbro se desmadejó de salida y ya no levantó cabeza. El primero de la tarde, por inválido, y el segundo porque se tronchó los dos pitones al enterrarlos en la arena, volvieron a los corrales. Mala cosa y alarma en las filas. Ante lo imprevisto, El Califa optó por correr el turno y El Cid por lidiar el segundo sobrero. El primero bis, colorado y ofensivo, se fue veloz al pase cambiado por la espalda con que El Cid saludó la faena. Prometió el toro y cumplió. No tanto el torero, que, correcto, no terminó de creérselo. Labor corta y aseada. Tras un primer pinchazo, El Califa le perdió la cara al toro, éste hizo por él y no pudo evitar la cogida.

El Cid lidió en segundo turno el segundo sobrero. Toro alto de agujas, feote, nada que ver con el resto. Manseó en varas y tomó la muleta con la cara alta y sin entrega. Mas con tanto defecto, el toro no renunció a tomar la muleta. El Cid le cogió la velocidad y el oficio se impuso sobre todas las cosas. Al final, el toro acabó por salir del armario y mostró sin disimulos su mansa condición. El Cid mató por cogida de El Califa dos toros más. En cuarto lugar lidió el segundo de su lote, que como el resto de la corrida pasó de puntillas por el caballo. También prometió mucho de entrada, pero pronto descubrió que tenía fecha de caducidad. Antes de eso, El Cid lo aprovechó por la derecha. Hubo muletazos recreados, pero cuando lo intentó con la izquierda la historia cambió y el toro se paró. En el brutote y vasto sexto, El Cid porfió de cerca pero el toro no estaba por la labor.

Ymbro / Califa, Cid y Perera.

Toros de Fuente Ymbro, segundo y sexto, sobreros. Correctos de presentación, manejables pero venidos a menos.

El Califa: división tras aviso. Paso a la enfermería aquejado de un fuerte golpe que le impidió continuar la lidia.

El Cid: saludos, ovación tras aviso y silencio. Miguel Ángel Perera: saludos tras aviso y palmas.

Plaza de Valencia, 16 de marzo. 10ª de

Feria. Lleno.

Las dos faenas de Perera parecieron cortadas bajo el mismo patrón. Al tercero, con codicia en los primeros pases, lo trató con fría corrección. Un par de circulares en trenza parecieron que encendían la traca. Una llama tenue que pronto perdió fuerza. Un final de escaparate tampoco sirvió de mucho. Su segundo fue el de menos fuerza de la corrida. Sólo puntuó el emocionante cambiado de espaldas con el que Perera empezó. Luego el toro se derrumbó y la faena no pasó de ser una continua probatura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 2008