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TESTIMONIO | Habla una de las mujeres citadas por la Guardia Civil tras someterse a un aborto

"La Guardia Civil me dijo que si no declaraba es porque ocultaba algo"

Carolina (nombre supuesto) quiere mantener su identidad en secreto. Tiene 19 años y mucho miedo. Es una de las 40 mujeres que fueron llamadas a declarar ante la Guardia Civil por el caso de los supuestos abortos ilegales de las clínicas del doctor Carlos Morín de Barcelona, citado mañana a declarar ante la juez como imputado. Esta joven interrumpió su embarazo en sus clínicas hace unos cuatro meses. Ahora, cuando creía que todo había pasado, vuelve a revivir su drama.

"El 28 de diciembre me llamó la Guardia Civil a mi móvil. Me dijeron que era por el caso de los abortos de las clínicas de Barcelona y que en unos días tendría que ir a un cuartel para declarar. Pensé que era una broma. Luego me lo creí. ¿Quién iba a gastarme una broma así? Les pregunté si necesitaba un abogado. Me dijeron que no, que era algo rutinario", dice.

Cuando habla de aquel día, la odisea que la llevó a las clínicas de Morín se le viene a la cabeza. "Me quedé embarazada y no lo podía asumir. Me hice dos test de embarazo. Uno me dio positivo y el otro no. Me aferré al segundo. Después seguía sin venirme la regla y fui al médico", cuenta. Éste le confirmó sus temores. "Quería abortar pero no tenía dinero. Le pregunté si había alguna manera para que la gente sin medios pudiese hacerlo. Dijo que no", recuerda.

Ahí empezó un largo peregrinaje para conseguir el importe que costaba la intervención. "Fuimos a tiendas de segunda mano. Vendimos mi móvil, una televisión y algunas otras cosas, pero aún no nos llegaba el dinero". Además, según iban transcurriendo los días el aborto se iba haciendo más caro. Y Carolina seguía manteniendo su embarazo en secreto. "Pensé que nadie me apoyaría, que mis padres me iban a odiar. Tampoco podía decir nada a mis amigas. Fue muy duro. Había días que ni siquiera podía levantarme de la cama", cuenta. Repetía 2º de Bachillerato y lo dejó.

Al final un familiar lo descubrió. La acompañó a una clínica y supo que estaba de unas 26 semanas. "En el sitio al que fuimos no podía abortar, ya había pasado el límite", dice. Les hablaron de las clínicas de Morín. "Llamamos para pedir cita y nos dijeron que el aborto costaría unos 3.000 euros. Después, con todo hecho, nos dijeron que eran 4.000. En efectivo", cuenta. No les dieron ningún recibo.

Carolina explica que una vez en la clínica todo fue muy rápido. "No esperamos ni cinco minutos en la sala. Mientras me hacían los análisis de sangre me tomaban los datos", dice. Recuerda perfectamente el momento en el que vio a Morín. "Me estaban haciendo una ecografía y alguien me sujetó los pies. Era él. Me dijo que no me preocupara. Que no quedaría constancia de nada, que todo eso no iría a ningún sitio", dice. Minutos después, Carolina entró en la sala contigua junto a una enfermera. "Me dieron un test para rellenar. Tenía preguntas como si estaba deprimida o si había pensado en el suicidio. Tenía que poner el grado de todo ello del uno al cinco", cuenta. Era el examen psiquiátrico.

Horas después le practicaban el aborto. "Cuando me desperté estaba ya en la habitación. Me puse a llorar como una loca porque todo había acabado, por fin", dice. Pero no había hecho más que empezar. Algo más de un mes después recibía la llamada que lo desencadenó todo. "En el cuartel de la Guardia Civil nos dijeron que en principio iba en calidad de testigo, pero que si me negaba a declarar podría pasar a ser imputada", cuenta. Carolina estaba aterrada pero decidió no hablar. "El guardia civil que estaba conmigo me dijo: 'Tú no sabes qué puede pasar si no declaras. Si no lo haces ahora lo tendrás que hacer después ante un juez en Barcelona", dice. A pesar de esto se mantuvo firme. Llamaron a una abogada de oficio. "Después otro guardia civil me miró y me dijo: 'No declarar hace que pensemos que ocultas algo". Carolina espera ahora la citación para declarar ante la juez de Barcelona. "No sé si iré como imputada. Tengo miedo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de febrero de 2008