Análisis:La carrera hacia la Casa BlancaAnálisis
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Barack choca contra el muro hispano

La idea de un negro como presidente de Estados Unidos ha sido durante años una de esas fantasías heredadas de los eslóganes revoltosos del 68, una quimera que se estrellaba contra el muro de una nación de mayoría blanca y de pasado racista. Pero llegó Barack Obama y los blancos votaron por él. Votaron por él las educadas y progresistas clases altas de Nueva York y Massachusetts, pero también los agricultores de Iowa o Idaho. Obama obtuvo el martes un cuantioso respaldo de votantes blancos en lugares tan poco familiares para un negro como Colorado, Montana o Dakota del Norte. Estuvo cerca de ganar la mitad del electorado blanco en el Sur, la cuna del segregacionismo, y ganó más votos blancos que su rival blanca en California.

Los negros y los hispanos compiten por los mismos puestos de trabajo
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Con un panorama así, aquella vieja quimera podría parecer ahora más cercana. Sin embargo, Obama se ha estrellado contra otro muro con el que nadie contaba: el muro del voto hispano. Mientras los ejecutivos que juegan al golf en el Orange County parecen haber aceptado por fin la idea de un negro como presidente, los camareros mexicanos que le sirven el almuerzo, no. Cuando los norteamericanos de origen anglosajón parecen haber pasado la histórica página de la discriminación racial, otros norteamericanos más recientes y más enfrascados en la lucha por la supervivencia le han sacado a Obama la señal de Stop.

El rechazo electoral a un candidato negro es un asunto que preocupa mucho a los portavoces de la comunidad hispana y cuya explicación exige un análisis muy profundo. En las últimas semanas, este periódico ha buscado en dos Estados de gran presencia latina, Nevada y California, algunas de las razones de este nuevo fenómeno y ha encontrado respuestas sensatas y creíbles: la competencia de negros e hispanos por los mismos puestos de trabajo, la guerra que las pandillas de las dos comunidades libran desde hace años en los barrios de las grandes ciudades, el trato despreciativo que algunos negros han tenido hacia los hispanos durante mucho tiempo, las enormes diferencias culturales entre las dos etnias... Los expertos y los líderes políticos hispanos se niegan a hablar de racismo. Aseguran que se trata de desconocimiento, de prevención o de venganza, pero no de racismo.

Es posible. Entre decenas de personas de origen hispano entrevistadas en los últimos días, todos aseguraban, en efecto, que no tenían ninguna objeción de tipo racista a votar por un negro. No hay que ponerlo en duda. Pero también es cierto que muchos de esos hispanos, que se refieren habitualmente a Obama como "el moreno", dejan en sus países de origen sociedades clasistas y discriminatorias, arrastran una gran incomprensión hacia las actitudes de otras razas y confirman, una vez aquí, las dificultades de convivencia con los negros, que los reciben con hostilidad porque sospechan que vienen a desplazarlos.

Sería paradójico que la comunidad hispana, a la que siempre se le imaginó un papel decisivo en la apertura de este país hacia una mayor diversidad y tolerancia, resultara ahora ser el último dique de contención ante el avance de un negro hacia la Casa Blanca. Sería sorprendente que los que hoy son víctimas de una nueva ola de odio anti inmigrantes estuvieran levantando un muro racista similar al que a ellos les construyen de hormigón en la frontera.

Tal vez no sea así. Quizá, como ellos confiesan, la razón de su voto a favor de Hillary Clinton sea sólo el aprecio por la candidata y el buen recuerdo de la gestión de su marido. Pero, en comparación con el resto del cuerpo electoral, llama la atención la unanimidad y la rotundidad de ese voto. Sólo un sector social de los hispanos tiende a separarse de esa tendencia política, el de los jóvenes universitarios. Quedan otras elecciones con presencia hispana para extraer conclusiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0006, 06 de febrero de 2008.

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