Análisis:Enfrentamiento Gobierno-Conferencia Episcopal
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Por el ojo de la aguja

El neorrealismo italiano elevó a categoría visual los vericuetos por los que las jerarquías del catolicismo irrumpen en los jardines electorales. La imagen es famosa. Un orondo arzobispo, creo que de Palermo, en el corazón de Sicilia, promete a sus feligreses no inmiscuirse en política, pero resiste mal la tentación de ilustrar sobre cómo discernir piadosamente un voto. "No voy a deciros a quién votar. Sólo os digo que votéis a los candidatos que sean demócratas y que sean cristianos".

Los obispos españoles hicieron anteayer algo parecido en su Nota ante las elecciones generales. Empiezan prometiendo "respeto a quienes ven las cosas de otra manera", dan por sentado que "los católicos pueden apoyar a partidos diferentes y militar en ellos", pero finalmente estrechan tanto el círculo de lo compatible con sus "exigencias de vida cristiana", que por ese agujero no cabría nada más que el PP, y eso si uno no se pone tiquismiquis. Por cierto, las encuestas dicen que en torno al 78% de los votantes del PSOE se manifiestan católicos.

La execración de todo trato con ETA a quien más puede herir es a los obispos
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La parábola enseñó que, si el señor se empeña, puede hacer pasar un camello por el ojo de una aguja. Lo obispos lo tienen peor en el asunto del terrorismo. Su execración de todo trato con ETA -se diga tratar o dialogar, hablar o negociar: bendita finezza vaticana-, a quien más puede herir es a los prelados, llámense Setién, Uriarte o el mismísimo Blázquez, éste nada menos que presidente de la Conferencia Episcopal. Al fin y al cabo, ETA fue un engendro de democristianos con puñal.

¿Negociar con ETA? Hay pocas cosas menos ociosas -negocio quiere decir no ocio- en España. También lo afirman las encuestas. Además, quien este libre de ese supuesto pecado, que tire la piedra. Con razón, los socialistas replican a la Nota del episcopado que todos los Gobiernos en democracia han dialogado con ETA para ver cómo acabar con el terror, y que en algunas de las conversaciones participaron obispos. El portavoz de los eclesiásticos lo asumió ayer, en la idea de que, a la postre, no hay otra forma de resolver un problema que dialogándolo. ¿Por qué, entonces, tanto griterío? Casi todo el mundo daba por sentado, después de lo vivido en esta legislatura, que la consigna episcopal nacía con aviesas intenciones electorales. Desde luego, su decálogo concluye que un cristiano disciplinado no debería votar al PSOE, ni a IU, ni siquiera a los partidos nacionalistas vascos y catalanes. Por lo que atañe al terrorismo, tampoco al PP. Cuando estaba en el Gobierno, habló o negoció con los etarras en Suiza, en 1999.

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No lo condenaron los prelados. Su Nota de ahora la creen manipulada, pero es copia literal de lo dicho por ellos en la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España, de noviembre de 2006. Ocurre que han omitido lo que con seguridad hubiese limitado su corrosivo efecto. Dijeron entonces, además: "Los eventuales contactos de la autoridad con los terroristas han de excluir todos los asuntos referentes a la organización política de la sociedad y ceñirse a establecer las condiciones conducentes a la desaparición de la organización terrorista". También escribieron esto: "Una sociedad madura, y más si está animada por un espíritu cristiano, podría adoptar, en algunos casos, alguna medida de indulgencia que facilitara el fin de la violencia".

Estas ideas estaban ya en la instrucción de 2002 Valoración moral del terrorismo, de sus causas y de sus consecuencias. Si los prelados tienen memoria, recordarán los dolores de cabeza que les ocasionó aquel documento y su tormentosa votación, y lo orgullosos que quedaron tras asumirla por fin los prelados vascos. No se entiende por qué el jueves olvidaron esa parte del documento.

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