Reportaje:

Euskera de ida y vuelta

23 sudamericanos perfeccionan el idioma en el 'barnetegi' de Lazkao

Cuando tenía 16 años, la abuela de María Carmen Itcea se embarcó hacia Argentina como niñera de una familia amiga. Dejó atrás su Azpilikueta natal, en el valle navarro de Baztán, al que nunca regresó. Al otro lado del Atlántico se casó con un vasco. Tuvieron 13 hijos, entre ellos la madre de María Carmen. "El primer idioma de mi madre fue el euskera. De ella aprendí a entenderlo e hice el oído", relata sentada en el barnetegi (internado) de Lazkao, en el corazón de Guipúzcoa, donde perfecciona la lengua en un curso intensivo de dos meses. "Estudiar euskera es un verdadero sentimiento", afirma.

Los alumnos se están formando para dar clases en sus países
La mayoría se ha acercado a la lengua vasca por razones familiares

María Carmen, de 56 años, es uno de los 23 sudamericanos (22 ciudadanos argentinos y un uruguayo) que han cruzado el Atlántico gracias al programa Euskara munduan, impulsado por el Gobierno vasco en colaboración con las euskal etxeak repartidas por el mundo, pero sobre todo por Sudamérica y EEUU. Su objetivo es formar a alumnos de euskera de esos centros vascos como profesores, a fin de que puedan atender de manera presencial la demanda de aprendizaje en su entorno.

Los primeros pasos se dieron hace ya 18 años con el programa entonces bautizado Argentinan euskaraz. Profesores de euskaltegis se trasladaban desde el País Vasco a aquella nación para impartir clases a los futuros docentes durante un periodo. Luego seguían aprendiendo "por su cuenta", aunque desde Euskadi se les facilitaba material didáctico, explica el director general del Instituto de Alfabetización y Euskaldunización de Adultos (HABE), Joseba Erkizia.

El desarrollo de las tecnologías de la comunicación ha permitido organizar cursos completos por Internet. Los alumnos llamados a convertirse en maestros cuentan con asistencia on-line de un profesor vasco. Este trabajo individual se completa con otro en grupo, ya que dos veces al año se desarrollan en Argentina sendos internados de nueve días con un profesor llegado desde la comunidad autónoma.

Itcea es de General Rodríguez, a 55 kilómetros de Buenos Aires. Allí se abrió en 1999 una euskal etxea, donde se ofertaron clases del idioma a las que se apuntó. Hace un par de años se sumó al curso por Internet para formarse como docente. Ahora forma parte de Diáspora 2, ese grupo de 23 personas que, tras estudiar en su país y alcanzar el nivel adecuado, perfecciona ahora el idioma en Lazkao con los gastos pagados. "Tenemos el entorno natural que allí nos falta. Vemos la televisión en euskera, los carteles, todo", ratifica la también argentina Nieves Castillo, de 33 años. Y es que, además de hablar en euskera en las clases del barnetegi, estos estudiantes conviven con familias euskaldunes de la zona del Goierri.

Al igual que María Carmen, la mayoría se ha embarcado en aprender euskera por razones familiares y afectivas. "Mi padre se fue a Argentina muy jovencito y mi madre, siendo una niña. El idioma se perdió en casa; no nos lo transmitieron a los hijos", recuerda María Blanca Irusta, de 60 años y profesora de lengua española. Así que cuando sus padres murieron, se acercó a una euskal etxea de Buenos Aires para interesarse por los cursos de euskera. "Me daba la sensación de que, muertos ellos, lo vasco se acababa en mi casa. Lo sentía como una asignatura pendiente". Ahora quiere ayudar a "transmitir la lengua y la cultura vascas".

"Para mí estar aquí es un sueño largamente acariciado", enfatiza Leonat Egiazabal, de 33 años y el único uruguayo del grupo, quien recibió sus primeras y precarias clases del idioma con 17 años. Este tataranieto de vascos, profesor de Historia, siempre se ha sentido comprometido con el euskera, pero lo vió aún más claro cuando murió la abuela que le transmitió "un poco de vocabulario". Ya imparte clases. "La mayoría somos estudiantes y profesores a la vez".

Tras la historia de Nieves Castillo también bullen las emociones. Su abuelo materno, a quien no llegó a conocer, era natural de Aranaz (Navarra) y emigró a Argentina junto a dos de sus hermanos. "Sólo hablaban euskera". En el viaje, el pequeño se perdió. "Pasaron toda su vida buscándolo sin éxito". Hace unos años, Nieves y su familia dieron con un hijo suyo. "Logramos cerrar una historia muy fuerte en nuestra familia", una historia que le empujó a aprender la lengua de su abuelo.

El uruguayo Leonat Egiazabal posa ante el dibujo de un mapa de su país en el aula del <i>barnetegi</i> de Lazkao donde aprende euskera.
El uruguayo Leonat Egiazabal posa ante el dibujo de un mapa de su país en el aula del <i>barnetegi</i> de Lazkao donde aprende euskera.JESÚS URIARTE

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