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Conflicto étnico en Kenia

Un próspero negocio turístico en peligro

Kenia es una gran potencia turística en África, ya recuperada de los efectos de los atentados terroristas de 1999 y 2002 atribuidos a Al Qaeda. En 2007, más de un millón de personas visitaron el país dejando unos ingresos superiores a los 900 millones de dólares (unos 610 millones de euros). Esas divisas son el principal motor de una economía que se nutre de las plantaciones de té, la horticultura y la presencia de miles de multinacionales que han elegido Kenia como sede regional y desde donde extienden sus redes de negocio por gran parte de África oriental y Asia.

Los disturbios en protesta por el resultado de las elecciones presidenciales del 27 de diciembre pueden tener un efecto devastador, superior al de los atentados, porque generan una inestabilidad que mina la confianza. Varios Gobiernos europeos, entre ellos el de España, han advertido a sus ciudadanos de los riesgos de viajar a Kenia en estos momentos. La costa de Mombasa y Lamu y los safaris fotográficos en los parques naturales son extremadamente populares entre los extranjeros.

Un portavoz del Foreign Office británico recordó que, de momento, los incidentes no se han extendido a las zonas turísticas, sino que se centran en alguno de los suburbios de Nairobi y en el valle del Rift, al oeste, donde miles de personas de la etnia kibuyo han abandonado sus casas por medio a los ataques. El Gobierno británico asegura que en Kenia hay unos 30.000 británicos (fue colonia hasta 1963), de los que 7.000 son turistas.

La Embajada de España tiene censados a 179 españoles residentes en Kenia, a los que tiene localizados por si fuera necesario proceder a una evacuación. No hay datos sobre turistas ni empresarios, que son dos poblaciones fluctuantes, pero desde el Ministerio de Exteriores se asegura que existen planes de contingencia que incluyen a todos los casos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de enero de 2008