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Las vacaciones de Sarkozy y Bruni en Egipto desatan críticas en Francia

El presidente y la cantante viajan en el avión privado de un empresario francés

El presidente Nicolas Sarkozy, mientras prosigue en Egipto y el mar Rojo su viaje en compañía de Carla Bruni, es objeto de un fuego cruzado de críticas en París. Junto al Nilo, la pareja se ha comportado de acuerdo con las maneras de las estrellas del pop. Jugando al escondite con los fotógrafos, han visitado a paso de carga el Valle de los Reyes y el de las Reinas, y las tumbas de Seti I y Nefertari, excepcionalmente abiertas para ellos. El presidente y la cantante, casi siempre cogidos de la mano y adictos a las gafas oscuras, han saludado en varias oportunidades a los turistas e incluso han aceptado posar junto a quienes se lo han pedido.

La pareja se ha comportado según el modelo de las estrellas del 'pop'

La prensa tilda de "indecente" un "comportamiento de nuevo rico"

Él no ha renunciado a su tradicional jogging, los dos han acudido a las tiendas de lujo de su no menos lujoso hotel y, tras su visita relámpago -"es muy bonito", ha resumido con candidez Sarkozy- por los restos de una cultura consagrada a la muerte, han marchado, de nuevo en avión privado, rumbo a Sharm el Sheij, donde se alojarán durante dos noches en una residencia del jeque de Abu Dabi.

Mientras ambos cumplían con el rito del turista apresurado, en París la oposición arremetía contra "un presidente que, con su comportamiento ostentoso, provoca" y pone "en peligro la independencia y la dignidad de la función presidencial", según la ex candidata Ségolène Royal. Para otros socialistas, como el diputado Arnaud Montebourg es hora de preguntarse sobre "las contrapartidas que el señor [Vincent] Bolloré, que es un hombre de negocios muy listo, espera obtener". Bolloré ha prestado su avión Falcon 900 a Sarkozy en esta oportunidad, como ya lo hizo justo después de la elección presidencial, cuando Sarkozy y su entonces esposa, Cécilia, viajaron a Malta para pasar unos días de descanso en el yate del millonario antes de que tomara posesión del cargo.

El eurodiputado socialista, Benoît Hamon ha recordado que el origen de la fortuna moderna de Bolloré es más propio de un inversor financiero que de un socio industrial y ha resumido así la situación: "Nicolas Sarkozy es una buena inversión para el señor Bolloré".

La prensa francesa tampoco es cariñosa con Sarkozy, al acusar de "indecente" su "comportamiento de nuevo rico", al tiempo que admite que al presidente "parece importarle un pimiento lo que digan porque es un adepto a la transparencia hasta el exhibicionismo".

Entre la derecha se han levantado unas pocas voces para defender el derecho de Sarkozy a hacer lo que quiera en sus vacaciones privadas. "El presidente de la República encarna la ruptura y no tiene nada que esconder", ha dicho el diputado conservador Yves Jégo para quien "esa forma de autenticidad, de transparencia, es símbolo de una democracia que se moderniza (...) los franceses aprecian esa franqueza". Otro diputado de la derecha, Patrick Balkany, sostiene: "Bolloré le ha dejado el avión como el amigo que te presta el coche", y ha recordado que "la fortuna de Bolloré sólo depende en un 1% de encargos del Estado". Balkany, que en su día fue condenado por utilizar fondos del Ayuntamiento del que era alcalde en beneficio privado, es amigo personal de Sarkozy desde hace muchos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de diciembre de 2007