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Crítica:ÓPERA

Hipnotizados por Cimarosa y Muti

"Que no llegue nunca la melancolía, que reine sólo la felicidad", se canta en el cuarteto inicial de la ópera Il ritorno di Don Calandrino, de Domenico Cimarosa, rescatada por Riccardo Muti de la Biblioteca del Conservatorio napolitano de San Pietro a Majella, y presentada la última primavera en el Festival de Pentecostés de Salzburgo. La ópera resucitada de Cimarosa es una delicia y la interpretación de Muti es un prodigio de ligereza en el sonido y ritmo hipnótico en el desarrollo. El teatro Pérez Galdós de Las Palmas, que dirige Rafael Nebot, se ha apuntado un tanto de antología con la programación de este espectáculo.

La operación no se limita al terreno filológico, sino que entra de lleno en dar respuesta a cómo abordar hoy la ópera bufa napolitana profundizando en el estilo y sin caer en el exceso gracioso. La movilidad, el equilibrio y la dirección de actores son modélicas. Los postulados de la Comedia del Arte se ven catapultados por una dimensión imaginativa gracias al trabajo, entre acróbata y de comicidad de caracteres, de los miembros del Arcipelago Circo Teatro-Troupe Los Febles, una formación de origen cubano, que acentúa con elegancia los rasgos esenciales de la ópera y contribuye decisivamente a crear una atmósfera de encantamiento, sin perder de vista la fidelidad historicista. La orquesta juvenil Luigi Cherubini, creada por Riccardo Muti, nació en 2004. A las órdenes del maestro napolitano parece centenaria por su exactitud, emotividad y frescura. El reparto vocal es homogéneo. Cantan y actúan todos los solistas con gracia y precisión.

IL RITORNO DI DON CALANDRINO

De Domenico Cimarosa. Dirección: Riccardo Muti. Con Laura Giordano, Monica Tarone, Mario Zeffiri, Marco Vinco y Francesco Marsiglia. Teatro Pérez Galdós.

Cimarosa así representado supone una revelación. Uno comprende -y comparte- la admiración que le profesaban Stendhal y Goethe. La representación de Il ritorno di Don Calandrino en Las Palmas ha entrado en los cauces de lo milagroso. Se produce raras veces esta doble sensación de hechizo y perfeccionismo. Insisto: una maravilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007