Crónica:LA CRÓNICACrónica
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De paseo a la muerte

Bienvenido al Instituto Anatómico Forense. Pase por aquí, por favor, que vamos a hacerle unas pruebas. Es en el sótano, bajando la escalera de caracol. Y relájese. Usted sólo está muerto. Le pasa a todo el mundo.

-Nosotros no vemos todas las muertes -aclara Jordi Medallo, director del Instituto Médico Legal de Cataluña-. Sólo las muertes violentas o sospechosas de criminalidad. Si alguien llega al hospital ya muerto, o si el juez sospecha que algo no encaja, nos lo envían. El año pasado nos llegaron 4.500 casos.

Tenga paciencia. Si llega usted por la tarde o por la noche, tendrá que esperar para ser atendido. Las autopsias se realizan por la mañana. Mientras tanto, puede usted disfrutar de cualquiera de las 26 cómodas neveras que el instituto pone a su disposición. Si piensa permanecer más tiempo con nosotros, hay un par de congeladores. Y afuera tampoco se está mal. La temperatura habitual es de unos 12 grados. No se podrá quejar. En verano, la sala de autopsias es el lugar más agradable del Hospital Clínico. Aprovéchelo mientras pueda. Su siguiente morada no tendrá clima artificial.

Las condiciones y el instrumental del forense han mejorado mucho en los últimos años

-Es difícil especificar cuánto tiempo permanece un cuerpo aquí -continúa el doctor Medallo-. A menudo, el análisis médico ocupa menos tiempo que la identificación del cuerpo. Es necesario tomarle las huellas dactilares y buscar señas físicas de identidad: cicatrices, tatuajes, piercings, placas dentales...

-¿Y después de identificarlo?

-Al Registro Civil. Vamos ahí cuando nacemos, pues también cuando nos morimos.

Cosas que será mejor que no vea durante su estancia: a) las botas de los médicos. No se pregunte por qué llevan botas. Le basta saber que usted no las necesita. b) La decoración, que incluye un afiche explicativo ilustrado sobre la disección de aparatos genitales, y c) el instrumental, especialmente, un martillo y una palanca que se aplican principalmente al cráneo, unas espátulas como de tarta para cortar vísceras, tijeras para cartílagos, unos separadores con extremidades en forma de tenedor y un cazo para los líquidos gástricos.

-Las condiciones de trabajo y el instrumental han mejorado mucho en los últimos 20 años. Cuando empecé, teníamos que ir a los grandes almacenes y pedir: "Por favor, déme una tijera de podar rosales que sirva para abrir costillas". Y se practicaban autopsias en los cementerios. Muchos sepultureros tenían su casa en el cementerio, y en vez de un garaje, una sala de autopsias.

-¿Cuál ha sido el último gran adelanto de la ciencia?

-Sin duda, el ADN. Lo usamos mucho. Podemos identificar víctimas con más facilidad. Y en caso de agresiones sexuales, podemos identificar agresores, algo que antes era imposible.

-¿Y qué cosas no cambian?

-Bueno, a veces hace falta un serrucho de carpintero.

Quizá sea usted un cadáver ya de edad provecta. Si lleva usted mucho tiempo enterrado, pasará a la sala de Antropología, donde se analizan restos óseos. Adelante, es por aquí. Sí. Eso que está en la mesa fue una persona hace unos años. No. Lo de la caja era un perro. Si usted ha sido, por ejemplo, víctima de una vieja peste en un pueblo, quizá lo hayan enterrado junto a los animales. Aquí separarán lo que corresponda a cada quién.

Cuando se hallan restos humanos, el juez necesita fecharlos para saber si el crimen ha prescrito. Pero los forenses deben investigar aunque sean más antiguos. Los antropólogos han trabajado con un equipo multidisciplinario en la identificación de restos de fosas comunes de la Guerra Civil. En cualquier caso, si usted es un cadáver maduro, olvídese del glamour. Ésta es la parte del trabajo que nunca sale en la televisión.

-En realidad, se nos conoce por una mínima parte de lo que hacemos. No sólo la antropología. El 94% del trabajo forense se realiza con vivos, no con muertos. Buscamos lesiones físicas y psíquicas en víctimas de agresiones. Tenemos un laboratorio. Pero claro, nada de eso aparece en las series policiales.

-¿Y a usted le gustan las series con forenses, como CSI?

-Las veo con sana envidia, por todos los decorados y los medios de que disponen. Y porque en la ficción, todo se resuelve en un cien por ciento. Los investigadores vuelven al lugar del crimen y encuentran una evidencia fundamental y reveladora. La realidad no es así. Hay muchas cosas que no podemos saber. Y no siempre la evidencia aparece de golpe. Una vez, tuvimos un descuartizamiento. Encontramos parte de los restos. Y otros restos aparecieron un año después.

A pesar de ese caso, Barcelona es una ciudad apacible. En Washington, hay un hospital especial sólo para heridos por armas de fuego. En cambio, aquí sólo el 2% o 3% de los muertos que llegan al instituto son por homicidios. Así que quédese tranquilo. Lo más probable es que usted haya muerto por accidente. De todos modos, si lo han asesinado para cobrar su seguro de vida, se sabrá. Quizá vengan a reclamar su cuerpo precisamente los asesinos, que son la parte interesada. Mientras tanto, no se ponga tenso que se arruga, cierre los ojos, descanse en paz.

-Por cierto, doctor Medallo. ¿Cómo decidió dedicarse a esto?

-Por vocación. Yo no podría ser pediatra, por ejemplo. Ver sufrir a un niño me pone los nervios de punta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 10 de noviembre de 2007.

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