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Tráfico de menores

Sarkozy da un golpe de efecto en Chad

El presidente francés logra la liberación de tres periodistas de su país y cuatro azafatas españolas

Nicolas Sarkozy dio ayer un teatral golpe de efecto, diplomático y mediático, al presentarse en Chad y llevarse a Europa en su avión presidencial a tres periodistas franceses y cuatro azafatas españolas de la compañía aérea Girjet, detenidos en Chad desde el pasado día 25 de octubre.

Sarkozy y las azafatas llegaron anoche a las nueve al aeropuerto de Torrejón, donde fueron recibidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con quien Sarkozy dijo que ha "trabajado mano a mano" desde el principio de la crisis. "El señor Zapatero sabía todas las iniciativas que he tomado, y tenemos la misma voluntad de que todos los detenidos vuelvan". Las españolas son la jefa de cabina, Tatiana Suárez, y las azafatas Sara López, Carolina Jean y Mercedes Calleja. Los restantes 10 detenidos permanecen aún en Yamena acusados de tráfico de niños y falsedad, incluidos los españoles Agustín Rey, comandante del avión que iba a transportar a los niños; Sergio Muñoz, copiloto, y Daniel González, auxiliar de vuelo.

Los diplomáticos españoles en Yamena han ejercido de comparsas

"No hay palabras para explicar lo que hemos pasado. Se te pasa todo por la cabeza, lo bueno y lo malo", dijo Tatiana Suárez. Mercedes Calleja, otra liberada, recuerda: "De todos los malos momentos, el peor fue cuando entramos en la cárcel".

El presidente francés aterrizó en Yamena a mediodía, fue a visitar a las azafatas y a los periodistas, charló con su homólogo de Chad, Idriss Déby, anunció en rueda de prensa conjunta que sus compatriotas serán juzgados en Francia y se llevó en el avión presidencial a los siete europeos. Poco antes, un juez chadiano había decidido ponerles en libertad tras interrogar el sábado a las cuatro azafatas españolas, a los tres periodistas franceses -Marc Garmirian (de la agencia Capa), Jean-Daniel Guillou (de Synchro X) y Marie-Agnès Peleran (de France 3)- y al líder de la ONG, Eric Breteau, sobre el intento de secuestro de 103 niños africanos por parte de la ONG El Arca de Zoé.

El abogado del Estado Philippe Houssiné explicó que la liberación de los siete europeos se debió a que Breteau no había aportado nada en su declaración ante el juez que contradijera la reivindicación de inocencia realizada por las azafatas y los periodistas. "Chad no puede cometer el peor crimen, que es tener en la cárcel a acusados inocentes", explicó Houssiné.

En realidad, las razones jurídicas sonaban gratuitas. Siempre pareció un disparate acusar de cómplices a la tripulación y a los periodistas, aunque el caso de la redactora de France 3, Marie Agnés Peleran, que militaba en la ONG y buscaba un niño para adoptar, parecía más problemático. Pero la diplomacia francesa logró meterla en el mismo saco que las españolas, dejando fuera, de momento, al auxiliar de vuelo Daniel González.

El pacto culminado ayer entre Déby y Sarkozy es una forma de acabar con un problema y evitar posibles daños colaterales sobre el inminente despliegue de las tropas de la Fuerza Europea (Eufor) en el este de Chad, y que estarán al mando de Francia, que aporta 1.500 soldados.

El problema es que todas las explicaciones sonaban demasiado huecas. Tanta rapidez en la ejecución de las decisiones, insólita en un país que está entre los más pobres, corruptos e ineficaces del mundo, fue recibida con malestar por los fiscales chadianos, obligados a abrir la oficina en domingo cuando habían anunciado que no pensaban trabajar en un día de fiesta. El fiscal adjunto, encargado de firmar la liberación de los europeos, alegó una indisposición y decidió no aparecer. Fue sustituido de inmediato por una amable fiscal que firmó sin mayores problemas el no ha lugar.

En la rueda de prensa, mientras Nicolas Sarkozy pedía que los seis miembros de El Arca de Zoé sean juzgados en Francia, su homólogo Déby alababa sin rubor la independencia de la justicia chadiana.

Con la rentable excursión a Chad, que avanzó el domingo este diario, Sarkozy saca el máximo provecho político y mediático a un asunto muy turbio que, se mire por donde se mire, comenzó, se desarrolló y murió bajo la atenta mirada del Gobierno francés, que fue quien alertó a las autoridades chadianas del asunto de los 103 niños.

Quizá por eso, la sensación entre la delegación diplomática española cuando las cuatro azafatas embarcaban en el avión presidencial era agridulce. La alegría por la liberación inmediata, que el Ministerio de Exteriores español consideraba el sábado improbable, contrastaba con el desconcierto ante la demostración de poderío diplomático de Francia.

A su llegada al aeropuerto, un besamanos de casi 40 personas esperaba en la pista al presidente Sarkozy, quien saludó de refilón, ya dentro del recinto del aeropuerto, a la embajadora española en Camerún, María Jesús Alonso, enviada a Chad por Madrid. La imagen resume la actitud de los dos países en la crisis suscitada por la aventura humanitaria de la ONG francesa.

España no tiene relaciones diplomáticas con Chad. Por eso el peso de la presión lo ha llevado desde el primer día Francia. Los diplomáticos españoles, invisibles y evasivos con la prensa, han ejercido de comparsas.

El Ministerio de Exteriores de España intentó hasta última hora de ayer mandar un avión Falcon a Chad para evacuar a las cuatro azafatas liberadas. No lo consiguió. Debió limitarse a anunciar que lo enviaría a París. Los diplomáticos españoles en Yamena pusieron como excusa que Chad quería que los liberados salieran pronto, y que el Falcon tardaría dos días en llegar. En mala hora. Sarkozy hizo lo previsto: cumplir con la cortesía entre vecinos, desviarse de su ruta como un caballero y depositar a las cuatro españolas en el aeropuerto de Torrejón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2007