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Elecciones en Argentina

A favor del cambio en política exterior

La presidenta electa pretende resolver los conflictos diplomáticos de su marido

"Es necesario proyectar otra imagen de Argentina". Las primeras palabras de Cristina Fernández de Kirchner tras su victoria electoral del domingo han subrayado la importancia que su Gobierno piensa dar a las relaciones internacionales, un campo en el que probablemente se producirán las mayores diferencias con la gestión de su marido, el presidente Néstor Kirchner. En los últimos tiempos, la política exterior se ha caracterizado tanto por el progresivo aislamiento del país como por el enquistamiento de algunos conflictos imprevistos. Por el contrario, desde que fuera designada como candidata, Cristina Fernández de Kirchner ha practicado una política de gestos destinada a enviar el mensaje de que, durante los próximos cuatro años, tratará de recuperar el terreno perdido.

Néstor Kirchner se ha negado a recibir cartas credenciales de los embajadores

Aunque todas las quinielas ministeriales apuntan a que el actual titular de Asuntos Exteriores, Jorge Taiana, continuará en su puesto, Fernández quiere variar drásticamente la estrategia llevada a cabo hasta ahora. Si bien Kirchner insiste en que Argentina es un país serio -de hecho ése es el lema de toda la publicidad oficial-, ha estado más centrado en convencer de ello a los argentinos que a sus vecinos.

Poco dedicado a cuidar la política exterior, su diplomacia ha tenido algunos sonoros contratiempos como el conflicto con Uruguay, en el que media España, por la instalación de una fábrica de celulosa, los ataques personales al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, desde territorio argentino realizados por el mandatario venezolano, Hugo Chávez, y algunos desplantes poco diplomáticos al presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki, y a la reina de Holanda, con visitas que fueron canceladas a última hora o ausencias imprevistas en actos protocolarios.

En sus cuatro años como presidente, Kirchner se ha negado a recibir las cartas credenciales de manos de los embajadores extranjeros y ha provocado el notable enfado de alguno de ellos, que llegó a entregar a la Administración argentina fotocopias de las originales. "Estoy seguro de que ella va a recibir las credenciales", destaca el analista Rosendo Fraga. Y es que Cristina Fernández considera igual de fundamental que los argentinos crean en su propia sociedad como el que esa imagen se proyecte al exterior. En paralelo a todo esto, quiere mostrar a sus votantes que cuenta con un respaldo exterior real más allá de la retórica política que ha sido exhibida en la campaña electoral, en la cual los viajes al exterior han tenido casi tanto protagonismo, o más, que los actos políticos en Argentina.

Así, en plena celebración por su victoria, la presidenta electa apareció en el estrado con la ex candidata presidencial socialista francesa Ségolène Royal, mientras en paralelo, el equipo de prensa de la candidata destacaba que a esa hora, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, la chilena, Michelle Bachelet, y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ya habían hablado con la ganadora de las elecciones del domingo. Mayor significado diplomático tiene la felicitación del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, país con el que Argentina vive un profundo enfrentamiento por la planta de celulosa, cuyo próximo capítulo se vivirá días antes de que Fernández jure como presidenta el 10 de diciembre. Entonces la fábrica de pasta de celulosa por la que Argentina ha denunciado a Uruguay ante el tribunal de La Haya empezará a funcionar.

Uno de los mayores escollos de la política exterior argentina se refiere al contencioso con Irán a próposito del atentado, en los años noventa, contra la Amia, una mutua de seguros israelo-argentina. Aquel atentado causó 83 muertos y conmocionó a todo el país. La justicia argentina ha pedido el procesamiento del entonces presidente de Irán, Alí Rafsanyani, y de otros altos cargos del régimen de Teherán. Este caso se convertirá, sin duda, en uno de los principales desafíos de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de octubre de 2007