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Contradicciones entre los seis médicos imputados por negligencia

Juicio por la muerte de un paciente de apendicitis en Basurto

Los seis médicos del Hospital de Basurto imputados por un delito de homicio imprudente tras la muerte de un paciente aquejado de una apendicitis no se pusieron ayer de acuerdo en el juicio sobre el diagnóstico. La facultativa de Urgencias que los días 19 y 20 de junio de 2005 atendió primero a Javier Cantero, un vecino de Bilbao de 39 años, declaró ayer en la vista oral que le molestaba el abdomen al ser auscultado, el llamado "vientre en tabla" en la jerga médica, que es un claro síntoma de una apendicitis. Un diagnóstico que fue confirmado por otros dos doctoras de Urgencias, que no están inculpados, y que consta en informes escritos.

Entre el segundo ingreso y la operación pasaron casi 20 horas

Cuatro de los seis facultativos imputados, en cambio, negaron que hubiera un abdomen duro y que así lo comprobaron en diversas exploraciones al paciente realizadas a lo largo de todo un día. Este diagnóstico no consta por escrito, porque, según declararon, todas las comunicaciones sobre la evolución de Cantero se realizaron verbalmente. Para los seis imputados, la Fiscalía pide dos años de prisión y tres años de inhabilitación en su profesión.

Sobre si Javier Cantero tenía el "vientre en tabla" giró la mayor parte de la primera sesión del juicio, en los juzgados de Bilbao. El paciente acudió al Hospital de Basurto en la mañana del 19 de junio con un dolor abdominal. Tras ser atendido y permanecer en observación tres horas, fue dado de alta. En la madrugada del día 20, volvió a Urgencias aquejado de un mayor dolor y tras sufrir vómitos. El caso fue derivado al servicio de Cirugía y las 9 horas de ese día le realizaron una ecografía sin apreciar nada anormal. Permaneció ingresado todo la jornada hasta que, 12 horas después, le realizaron un TAC que determinó una apendicitis aguda perforada. Fue intervenido casi tres horas después y falleció el 24, cuatro días después de su primer ingreso.

La médica residente Begoña Salinas fue la primera que le atendió, supervisada por la adjunta María Santisteban, ambas inculpadas. "Acudió con un dolor abdominal generalizado. No había ningún punto localizado", declaró. Se le ralizó una explotación sistemática y, al no tener fiebre y no aparecer datos anormales en los análisis, se le dio el alta. "No había datos de peritonismo". Admitió, sin embargo, que en la segunda visita del paciente, su estado había empeorado. "En cualquier punto que le tocara del abdomen, presentaba una contractura". Ante ello, decidió que el caso debía ser estudiado por el Servicio de Cirujía para una posible intervención.

María Santisteban, la médica adjunta que supervisaba el trabajo de Begoña Salinas y que sólo estuvo en el turno de la primera estancia del fallecido en Basurto, manifestó que las pruebas realizadas eran las necesarias "con los datos objetivos que teníamos".

La tercera imputada, la médico especialista en radiología María Isusi, fue quien le realizó la ecografía en la mañana del día 20. "No veo signos directos ni indirectos de afectación del apéndice", explicó ayer, antes de señalar que, con los datos obtenidos, no era necesaria realizar ninguna prueba complementaria como el TAC que luego certificaría la apendicitis aguda. "Me sorprendió. No era propio de una apendicitis".

Los tres médicos de Cirugía inculpados, Ana Isabel Gutiérrez, Javier Gardoqui y Pilar Gómez, defendieron su actuación y coincidieron en que, hasta última hora de la tarde, el abdomen de Javier Cantero no presentaba los síntomas propios de una apendicitis. El abogado de la acusación les pidió que explicaran cómo otros médicos diagnosticaron el abdomen como duro y que sólo tres horas después se cambiara la opinión. "Si el abdomen está en tabla, no desaparece, sino que va a peor", señaló Ana Isabel Gutiérrez. Gardoqui adujo de que los otros facultativos hicieron una "interpretación" y Pilar Gómez fue algo más explícita: "Explorar un abdomen no es fácil y requiere experiencia". En este sentido, argumentó que se trató de un caso atípico porque el apéndice estaba escondido y el paciente no tuvo fiebre, otro de los síntomas.

Pero a las 21.00 del día 20, aquel diagnóstico de "vientre en tabla" emitido 15 horas antes se confirmó. El informe del forense, quien declarará hoy, concluye que la actuación médica no fue correcta y que las 20 horas transcurridas entre el segundo ingreso y la operación contribuyeron al fallecimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de octubre de 2007