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Reportaje:

Socialismo petrolero a la venezolana

El cóctel chavista mezcla gasolina casi gratis, jornada de seis horas, control de cambios y nacionalizaciones

La economía venezolana se ha convertido en una de las de mayor crecimiento de toda Latinoamérica. Debe su éxito sobre todo a la riada de dólares generada por los altos precios del petróleo. Mientras el crudo se dispara, los venezolanos disfrutan de gasolina prácticamente regalada en un país que vive instalado en las paradojas económicas. El consumismo se desata al tiempo que la futura Constitución proclama un ideario socialista en el que casi nadie cree. Junto al teórico cambio de modelo económico, Venezuela prepara también una reconversión monetaria. Pero el bolívar fuerte nace débil y los analistas auguran una devaluación que el Gobierno niega en medio de un descontrol monetario del que el propio Hugo Chávez se ha convertido en desafortunado protagonista al meterse a banquero por unos días.

Los ilícitos cambiarios están perseguidos como en España las drogas blandas: no se penaliza la posesión de dólares, pero sí el tráfico

Chávez decidió estudiar en persona eso de las inyecciones de liquidez y propuso cambios: los tipos se dispararon al 120% en tres días

El tipo de cambio paralelo ha convertido los viajes al extranjero en un negocio redondo gracias a los cupos de dólares al tipo oficial

Venezuela ha expulsado del país a las empresas estadounidenses, mientras PDVSA mantiene una gran filial petrolera en Estados Unidos

La gasolina cuesta dos céntimos de euro el litro. Los venezolanos gastan en combustible en un año lo que un español en una semana

La revolución bolivariana garantiza a los venezolanos ganancias seguras en los casinos de la vecina isla de Curaçao. Y sin jugar a la ruleta. Sólo hay que pagar las fichas con la tarjeta de crédito y luego, en la ventanilla de al lado, cambiarlas por dólares en metálico. La diferencia entre el tipo de cambio oficial (2.150 bolívares por dólar) y el del mercado paralelo (unos 4.800 bolívares) ha convertido en un preciado tesoro el cupo de divisas que concede la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a quienes viajan al extranjero. Es un máximo de 5.000 dólares, movilizable con tarjeta de crédito. Resulta comprensible que la demanda de dólares baratos se haya disparado un 65% en los ocho primeros meses del año, hasta 26.500 millones.

En realidad, no es la primera vez que la ineficacia monetaria del sistema venezolano subvenciona el turismo de sus ciudadanos por la vía del mercado negro. Durante la presidencia de Rafael Caldera, con el país hundido en la crisis por la caída de los precios del petróleo, los venezolanos viajaban más que nunca a Europa o a Miami. El cupo de dólares permitía destinar la mitad al viaje y, con el resto, recuperar con creces los bolívares gastados. Ir a la cercana Aruba salía especialmente rentable.

Consciente de los abusos, el Gobierno de Hugo Chávez ha declarado la guerra a los ilícitos cambiarios. Lo ha hecho con una ley como la que en España persigue las drogas blandas: no está penada la tenencia de dólares, pero sí el tráfico. Las penas para los casos más graves van de 3 a 7 años de prisión y multa del doble del monto de la operación. Se vigilarán especialmente algunas vías de escape como los gastos de viaje, las importaciones o las compras por internet.

Como ha ocurrido siempre en cualquier lugar del mundo en que el tipo de cambio oficial está lejos de la realidad, parecen esfuerzos en vano. Y más dada la sed de dólares de un país que ha visto cómo el valor de los billetes verdes guardados en un cajón se multiplicaba por 1.000 frente a la divisa local en el último cuarto de siglo.

El presidente banquero

Frente a la retórica cambiaria bolivariana, el propio Gobierno ha previsto válvulas de escape. Antes de la nacionalización, era la telefónica local CANTV la que referencia y vía de salida, gracias a la doble cotización de sus acciones en las Bolsas de Caracas y Nueva York. Pero su puesto ha sido reemplazado por bonos del Estado emitidos en dólares en los que el propio Gobierno implícitamente da por bueno el cambio paralelo cuando los coloca entre sus ciudadanos más pudientes.

El descontrol monetario se agravó la semana pasada, cuando, a raíz de la crisis financiera internacional a Chávez se le ocurrió estudiar cómo funcionaban las inyecciones de liquidez con operaciones de mercado abierto. En su programa televisivo de cada domingo, el presidente mostró su escándalo: "El Banco Central se convirtió en bombona de oxígeno, óiganme bien, bombona de oxígeno para muchos bancos privados y entonces el dinero de la República se viene utilizando para oxigenar bancos privados". Hábil como pocos con las palabras, rápidamente encontró una metáfora: "Es como un moribundo que tú le estás dando oxígeno para que camine tres metros más y a los tres metros le pones otro chorro de oxígeno; la banca privada, bueno, la banca privada nosotros la reconocemos, pero la banca privada tiene que usar sus propios recursos, muchas veces los tienen en el exterior y viene el Banco Central a estar dando créditos overnight; voy a ponerme a estudiar todo eso".

Dicho y hecho. En tres días, los tipos interbancarios se dispararon, con los bancos ahogados por falta de oxígeno. El euribor venezolano, por así llamarlo, llegó al 120%. El experimento ha durado unos días. Esta semana el Banco Central de Venezuela (BCV) ha vuelto a operar con repos (préstamos, inyecciones de liquidez u oxígeno, como se prefiera llamarlos) como cualquier banco central de cualquier país del mundo y se ha evitado así pasar en tiempo récord del consumo y la inflación descontrolados a una economía deflacionaria al borde de la depresión.

Felicidad para todo el pueblo

En todo caso, para que quede claro quién manda, nada mejor que una Constitución. En el proyecto de reforma que Chávez expuso el mes pasado ante el Congreso en una alocución de casi cinco horas retransmitida obligatoriamente por todas las cadenas de radio y televisión, se pretende "eliminar todo vestigio de autonomía del Banco Central", según dijo el presidente tras tildar de "capitalista y monetarista" el texto actual, que en realidad él mismo promovió.

Chávez no perdona al BCV su oposición al control de cambios en 2003, cuando la huelga petrolera puso a la economía venezolana, y al propio Chávez, contra las cuerdas. Tuvo que presionar al máximo al consejo del BCV para evitar la sangría de divisas con un control de cambios que la autoridad monetaria no quería y que al final ha quedado instaurado con carácter permanente.

En el futuro no habrá dudas. La reforma constitucional establece que el BCV "es persona de derecho público sin autonomía para la formulación y el ejercicio de las políticas correspondientes". El banco estará supeditado al Gobierno y al Plan Nacional de Desarrollo "para alcanzar los objetivos superiores del Estado Socialista y la mayor suma de felicidad posible para todo el pueblo", según reza el artículo 318 del nuevo texto.

Tal vez también haga feliz al pueblo (siempre que no acabe siendo su ruina) que la futura Constitución fije la jornada laboral en un máximo de seis horas diarias, lo que, según Chávez, será la panacea para la creación de empleo.

Lo que da felicidad al turista que visita el país y alquila un coche es ir a la gasolinera. A dos céntimos de euro el litro, el gasto en combustible de todo un año de un venezolano es, con el mismo consumo, menor que el de un español en una sola semana. El precio ha sido tabú durante años. Todo el mundo recuerda que la última vez que el Gobierno intentó una fuerte subida hubo una revuelta popular que sumió Caracas en el caos con cientos -o acaso miles- de muertos fruto de una brutal represión. La subida que desembocó en el Caracazo formaba parte del paquete económico que el Gobierno de Carlos Andrés Pérez intentó poner en marcha en febrero de 1989 por recomendación el Fondo Monetario Internacional (FMI) con escaso éxito.

Nacionalización con OPA

Para el nuevo Gobierno, el FMI es poco menos que el diablo. La salida del Fondo y del Banco Mundial forma parte de los gestos económicos algo populistas que ha hecho Hugo Chávez. La futura Constitución establece que se prohíben los latifundios y los monopolios y el Gobierno ha nacionalizado empresas clave de sectores estratégicos. La nacionalización de la telefónica CANTV se ejecutó mediante un mecanismo tan capitalista y aparentemente poco revolucionario como una oferta pública de adquisición (OPA), aceptada entre otros por la española Telefónica.

Los accionistas estadounidenses de La Electricidad de Caracas también recibieron su compensación en metálico y sólo la nacionalización petrolera ha encontrado resistencias. La mayoría de las compañías se avinieron a firmar los nuevos contratos, pero las estadounidenses Conoco y Exxon rompieron la baraja y abandonaron el país. Exxon ha presentado esta semana una demanda internacional contra Venezuela en el tribunal de arbitraje del Banco Mundial en busca de una indemnización.

Curiosamente, los odiados Estados Unidos son el principal cliente de Venezuela. Es el destino de aproximadamente la mitad de los cerca de tres millones de barriles de crudo diarios que produce el país. Y no sólo eso. Petróleos de Venezuela (PDVSA) tiene una enorme filial en Estados Unidos, Citgo, con varias refinerías y una gran red de gasolineras, cuya facturación estimada (la empresa no publica datos desde finales de 2005) ronda los 30.000 o 40.000 millones de euros, cifras que en España sólo alcanzan Telefónica y Repsol.

Los ingresos por el petróleo son la fuente de riqueza de Venezuela. Y se han disparado tanto que aunque fuera verdad la teoría de que este es el boom petrolero peor gestionado en la historia del país, el margen es muy amplio para arrojar altas cifras de crecimiento. Es suficiente hasta para "compartir, no regalar" la riqueza con países amigos, como dice el propio Chávez, generando la airada reacción de muchos de sus compatriotas.

La nueva Constitución, que permitirá la reelección continua del presidente por mandatos de siete años, otorga a Chávez el control total de las reservas de divisas y alude a nuevas formas de propiedad (comunal, social) de rasgos poco definidos. También se admite la propiedad privada, cuyo pleno disfrute ven amenazado algunos sectores. El modelo que dibuja la nueva Constitución es más intervencionista que socialista. Pero ya ahora el Gobierno fija el precio de productos básicos, a veces por debajo del coste lo que provoca desabastecimiento y racionamiento periódicamente.

La mayoría de los analistas dudan que la nueva Carta Magna vaya a suponer un cambio radical en la economía de un país en el que Chávez, elegido en diciembre de 1998, va camino de cumplir una década en el Gobierno. Algunos le critican que presente sus planes como si acabase de llegar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2007