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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Sarkozy, a golpes

Nicolas Sarkozy está ejerciendo su presidencia a golpes de efecto. El último ejemplo ha sido, bajo la presión de la alarma social causada por la violación de un niño de cinco años por un pederasta reincidente, proponer internar en un futuro hospital especial a los condenados por estos delitos tras cumplir su pena si así lo decide un consejo médico y si no se someten voluntariamente a la mal llamada "castración química", una medicación que reprime la libido aunque ésta rebrota cuando se interrumpe y que se aplica en algunos países. Pero, como ha recordado el sindicato de magistrados USM, es peligroso legislar "a golpes de emoción" sobre temas muy complejos que requerirían un debate previo entre los expertos, tanto en sus aspectos médicos como jurídicos, pues no está siquiera claro si el paso forzoso al hospital tendría carácter de pena o no. La medida puede resultar inconstitucional y contraria al Estado de derecho.

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La mayoría sarkoziana aprobó la ley que entró en vigor el pasado día 10, que limita las remisiones de penas a los reincidentes y contempla nuevas vigilancias y cuidados a los delincuentes sexuales. Ahora, el presidente pretende introducir esos nuevos elementos en otro texto sobre la condición penitenciaria. En realidad, la urgencia en Francia ante este tipo de crímenes no es jurídica sino de falta de medios administrativos, humanos y médicos. El presunto agresor, condenado tres veces, salió de la cárcel el pasado 2 de julio, tras cumplir una pena de 28 años reducida a 17, y con una receta de Viagra que le había emitido el médico de la prisión que, absurdamente, no había tenido acceso a su historial judicial. El violador abandonó la región a la que estaba confinado sin que las autoridades se enteraran. La hospitalización y control psiquiátrico de detenidos peligrosos es ya una obligación en Francia. Los brazaletes electrónicos que ahora fomenta Sarkozy se implantaron en 2005. Sin embargo, según el sindicato de magistrados, sólo los llevan 10 reclusos debido a las restricciones presupuestarias.

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Sarkozy está demostrando ser un presidente hiperactivo y ubicuo. Un día se vuelca sobre los pederastas y al otro sobre cómo expulsar a 25.000 inmigrantes ilegales antes de fin de año. Todo un cambio respecto a la anemia política del último Chirac. Este constante movimiento no sólo ha obligado a desperezarse a la dividida oposición socialista, sino que le permite tapar lo que le puede hacer sombra como el contenido de sus tratos con Libia para liberar a unas enfermeras búlgaras o el que la economía no acabe de mejorar.

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