Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Tengo una petición para usted, señor presidente

Siete millones de iraníes han escrito a Mahmud Ahmadineyad con la esperanza de que solucione sus problemas

¿Siete millones de misivas en dos años al frente del Gobierno? Ni las estrellas del rock reciben una correspondencia tan abultada. El furor epistolar que ha desatado Mahmud Ahmadineyad desde su llegada a la presidencia de Irán ha obligado a su oficina de relaciones públicas a crear un departamento exclusivo para atender esas cartas, en su mayoría peticiones. En cada visita oficial son miles los iraníes, pero sobre todo las iraníes, que tratan de acercarse al presidente para entregarle sus mensajes.

La avalancha de gente revela tanto la popularidad de Ahmadineyad como la desesperación de muchos iraníes. A falta de otras vías de atención ciudadana, llegar hasta el presidente es su última esperanza para lograr tratamiento médico, una pensión de viudedad o que el casero no les eche por impago. Otros envían correos electrónicos o llaman por teléfono al número habilitado para tal efecto.

"Encabezan la lista los problemas de trabajo y vivienda", cuenta un funcionario

"Nos está ayudando a tener una visión más completa de la realidad de nuestro país", declara Mohamed Hashem Ghoroghi, el responsable del Makez-e Residegi be Shekayat va Ertebatat-e Mardomi (Centro de Atención a las Quejas y Relaciones Públicas). Ghoroghi, un hombre cordial que no parece abrumado por lo que se le viene encima, enmarca su tarea en la voluntad del presidente de "servir a la gente, tal como expresó durante su campaña electoral".

Todo eso está muy bien, pero ¿adónde van a parar esas misivas? "Después de cada viaje, cientos de jóvenes voluntarios se dedican en cada provincia a abrir las cartas y rellenar un formulario electrónico en el que codifican su contenido", explica Ghoroghi. Hay quejas, sugerencias, propuestas, muestras de cariño y peticiones de ayuda. A continuación, un grupo de funcionarios (entre 150 y 200, según la provincia) las lee y agrupa de forma que las que se refieren a un asunto concreto, por ejemplo, una queja local, puedan ser referidas a la parte interesada.

"Cada carta recibe un número de entrada, y los voluntarios se encargan de enviar el correspondiente acuse de recibo en el que se indica ese número y la persona que va a seguir el caso", señala Ghoroghi.

Sólo en el centro de recepción de Teherán, un edificio de tres plantas sin ningún letrero en una zona residencial del norte de la capital, se reciben 700 mensajes diarios. "Eso, aparte de los que recibe en su página web", apunta una voluntaria que en este momento contesta a Zahra Saleh Nia, que escribe desde Juzestán con una sugerencia para mejorar las relaciones con los ciudadanos.

"Encabezan la lista los problemas de trabajo y vivienda", admite Ghoroghi. ¿Y qué soluciones les están dando? "Hemos tomado nota, y el Gobierno y el Parlamento están discutiendo la situación y estudiando la posibilidad de facilitar terrenos gratuitos para construir casas, eximir de impuestos a las viviendas de menos de 150 metros... Estamos en ello".

¿Llegan esos asuntos hasta el presidente? "Nosotros se los comentamos, pero en ocasiones él mismo ha recibido algunas cartas. Además, después de cada viaje, le preparamos un CD con la información ordenada y los casos más sobresalientes, entre los que él escoge los que le parecen más urgentes. Y no se olvida. Al cabo de algún tiempo, suele preguntarnos qué hemos hecho y tenemos que responder", elabora Ghoroghi. Miles de iraníes están esperando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 2007