La ONU gastará 6.000 millones en convertir su sede en un edificio ecológico

La ONU quiere seguir siendo un ejemplo arquitectónico. En plena campaña contra el calentamiento global, el organismo va a reformar su sede central, en Nueva York, para convertirla en un ejemplo de edificio ecológico.

El cuartel general de la ONU es uno de los edificios más conocidos del mundo y su diseño sentó hace cinco décadas la base arquitectónica para construcciones similares. El objetivo principal del proyecto para su remodelación es repetir la historia y convertirse de nuevo en un modelo para las obras de modernización de otros edificios de avanzada edad, como explica Alicia Bárcena, la mano derecha del secretario general de la ONU para cuestiones administrativas.

Desde su inicio, los arquitectos de la ONU tuvieron en cuenta factores medioambientales, pero de otro tipo: la orilla sobre la que se alza el emblemático rascacielos de las Naciones Unidas olía tan mal que los urbanistas de este distrito decidieron no poner ventanas con vistas al East River para evitar que el aire contaminado entrara en los apartamentos.

Cinco décadas después, ese mismo terreno es uno de los más preciados en la isla de Manhattan. Y, al igual que la ciudad que lo hospeda, el cuartel general de la ONU también se adapta a los nuevos tiempos con un ambicioso proceso de remodelación con sello ecológico. "Será un edificio que cumplirá con la normativa local en el ámbito de la seguridad, saludable y con los mayores niveles de eficiencia y respeto del medioambiente", reitera convencida Bárcena.

Quitar el amianto

Para adaptarse a los nuevos tiempos, tendrá que retirarse antes el amianto que contamina el rascacielos. La operación es complicada, ya que el manejo de este mineral ocasiona un polvo que entra en los pulmones y causa graves enfermedades. Además, hay que sustituir toda la red eléctrica y de refrigeración. La mención de Bárcena a la impronta ecológica de la obra no es casual, porque el secretario general la ONU, Ban Ki-Moon, está poniendo un énfasis especial en la lucha contra el cambio climático y cree que la sede de la ONU debe predicar con el ejemplo.

Los expertos explican que los beneficios de este tipo de remodelaciones son enormes, porque con imaginación se pueden conseguir importantes ahorros en el uso de la energía, mejorar la calidad del aire y hacer un uso eficiente de recursos como el agua. Por eso los arquitectos e ingenieros encargados de la obra están trabajando ahora sobre la premisa de conseguir un ahorro de hasta el 30% en el uso de la energía una vez que los trabajos estén terminados.

Para ello se prestará especial atención a la superficie acristalada del rascacielos y a la reduccción de las emisiones de dióxido de carbono del sistema de calefacción, y se está pensado en un nuevo sistema para enfriar el edificio, como el que ya se usa en otros rascacielos más modernos en Manhattan, que utilizan el agua de lluvia para la refrigeración, los sanitarios y el sistema de riego de las plantas en el interior y los jardines.

Las obras comenzarán el año próximo, con la construcción de un edificio temporal donde se reunirá la Asamblea General entre 2009 y 2011, mientras se remodela la cámara principal del edificio de la ONU. En paralelo, se irá trabajando sobre la vieja estructura del rascacielos de cristal. El valor total del proyecto se estima en unos 8.000 millones de dólares (unos 6.000 millones de euros), de los que la gran mayoría irán destinados a la fase inicial de los trabajos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de agosto de 2007.

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