El ex espía acusado de traidor se ofreció como asesor al Gobierno de Evo Morales
Flórez no declaró a Hacienda los ingresos que registraban sus cuentas bancarias
Roberto Flórez García, el ex agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) encarcelado desde el pasado miércoles por un presunto delito de traición, ya que supuestamente vendió información clasificada del servicio secreto español a Rusia entre 2001 y 2004, disponía de una oficina en Bolivia, donde intentaba vender sus servicios como asesor al Gobierno de Evo Morales, y realizaba viajes de negocios a México, a pesar de que la empresa que dirigía desde 2005 carecía prácticamente de ingresos. Flórez podría ser acusado también de fraude fiscal.
A pesar de que Flórez cobró de los servicios secretos rusos más de 145.000 euros -ésa es la cantidad que pedía en la primera carta en la que ofrecía sus servicios, una copia de la cual fue incautada en el registro judicial y forma parte del sumario- el ex espía no hacía exhibición de riqueza. Vivía en un piso alquilado en La Vera, un modesto barrio del Puerto de la Cruz (Tenerife), y circulaba en un coche a nombre de su esposa, hija de un prestigioso traumatólogo de la localidad canaria.
Lo sorprendente, sin embargo, es que Flórez pudiera sobrevivir durante estos años. Dejó el servicio secreto en febrero de 2004 -se le concedió la baja nada más solicitarla, lo que evidencia que fue un despido pactado- y pidió el reingreso en la Guardia Civil, donde sólo tenía la categoría de cabo, pues nunca ascendió a suboficial. Sin embargo, no llegó a reincorporarse al instituto armado, pues de inmediato pidió una excedencia voluntaria.
En febrero de 2005 -según la página web capacitador.com, en la que se publicitaba a sí mismo- se hizo director del autodenominado Centro de Tratamiento de Conflictos, del que también se postulaba como Coordinador del Área de Investigación en Tenerife.
En calidad de tal, daba conferencias y cursos, como el que impartió a principios de julio a un grupo de jóvenes en la asociación de vecinos La Candelaria, pero con carácter gratuito.
Pese a su escasa actividad empresarial, Flórez disponía de un despacho en la calle Esquivel del Puerto de la Cruz, que también fue registrado por la policía. Además, había montado una oficina en Bolivia, con el objetivo de ofrecer sus servicios de asesor al Gobierno del presidente Evo Morales, y realizaba viajes de trabajo a México, según fuentes próximas a la investigación.
Sus cuentas bancarias, agregan las mismas fuentes, registran numerosos movimientos carentes de justificación con su actividad empresarial y la mayoría de ellos no los declaró a Hacienda. A la vista de estas pruebas, podría sumar una acusación de fraude fiscal a los presuntos delitos de traición y revelación de secretos por los que ya está imputado y en prisión provisional sin fianza.
No es sorprendente que Flórez intentará hacer negocios en Hispanoamérica pues en el año 2.000, antes de su salida del CNI, estuvo destinado en Perú, donde se ganó la confianza del entonces líder opositor Alejandro Toledo, antes de que se destapara su condición de espía. Entre 1992 y 1997, estuvo infiltrado por cuenta del CNI en el entorno de ETA.
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