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Editorial:

Impulso político

Después de imponerse a Mariano Rajoy en el debate del estado de la nación, Rodríguez Zapatero ha decidido tomar la iniciativa con el objetivo de ampliar su ventaja ante las próximas elecciones generales. Durante estos tres años de legislatura, el Partido Socialista no conseguía despegar en los sondeos, a pesar de la oposición más bronca que consistente del Partido Popular. La razón habría que buscarla en la perseverancia con la que el Gobierno y el presidente han centrado sus esfuerzos en la cuestión territorial y, después, en el problema terrorista. La prueba de que el Ejecutivo no estaba obligado a aceptar la agenda promovida por el PP, como ha repetido en demasiadas ocasiones, es que le ha bastado plantear el último gran debate de la legislatura en otros términos para salir de un pantano que amenazaba con seguir reduciendo sus apoyos.

Tras tomar la agenda política en sus manos, Zapatero ha tomado también la iniciativa con este inesperado cambio de Gobierno a ocho meses de las elecciones. El efecto euforizante del abandono del FMI por Rodrigo Rato para regresar a Madrid ha quedado neutralizado por este golpe de efecto. El mensaje que quiere transmitir es claro: no habrá adelanto electoral alguno, la legislatura está viva. De ahí que tenga sentido la sustitución de dos ministras, la de Cultura y la de Vivienda, que han padecido una fuerte erosión. También está claro que hay ideas y proyectos para seguir otra legislatura más: no se ficha a un prestigioso científico como Bernat Soria como ministro de Sanidad o se remueve a un gestor cultural como César Antonio Molina, acreditado por la expansión del Instituto Cervantes en el mundo en los últimos cuatro años, sólo para mejorar la imagen electoral del Gobierno.

Las claves del cambio en el Ministerio de Administraciones Públicas escapan de este marco. Jordi Sevilla ha sido un decidido impulsor de la nueva regulación de la función pública y de la Administración electrónica, dos iniciativas que Zapatero exhibió en el balance de su gestión realizado con ocasión del último cara a cara con Rajoy. La opción de colocar en su vacante a Elena Salgado, hasta ahora titular de Sanidad, estaría motivada por la capacidad de gestión que la ministra ha acreditado. Sevilla probablemente ha tenido que dejar un hueco que permitiera mantener la paridad.

La nueva titular de Vivienda, por el contrario, parece responder directamente a un criterio político: la elección de Carme Chacón en sustitución de María Antonia Trujillo es, sobre todo, un mensaje al PSC y al electorado catalán, cuya tendencia a la abstención preocupa en La Moncloa. Chacón se encontrará en ese departamento con los mismos problemas que su antecesora, en particular la falta de competencias definidas, y por este motivo Zapatero no le ha hecho más encargo que el de publicitar los logros realizados.

Rodríguez Zapatero parece haberse convencido de que la selección del terreno de confrontación será determinante para decidir las elecciones, y ha jugado con habilidad. Entretanto, Rajoy, amarrado a sus obsesiones, sigue reclamando hablar de terrorismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007